LA
CIZAÑA DEL ESTIGMA
Muchas
veces un texto adquiere su plena significación si tomamos
en consideración elementos que están fuera del texto
en si o que son meramente sugerida pero no desarrollada dentro
del mismo. El significado de un mensaje o de un relato muchas
veces se ilumina cuando sabemos a quiénes estaba destinado
o con qué grupos Jesús de Nazaret estaba debatiendo.
Algunas veces los evangelistas o la iglesia misma, al cambiar
los destinatarios también cambiaron u obscureció
el sentido original de frases o relatos.
En esta parábola del trigo y la cizaña tenemos claramente
indicados dos grupos destinatarios que han hecho de la exclusión
una virtud: la multitud y las y los discípulos del mismo
Jesús. Dentro de la multitud podemos a su vez suponer con
cierto rigor histórico, que tenemos representantes de tres
grupos teológicos e ideológicos, que en cierta manera
también se verán reflejados en el grupo de las y
los discípulos de Jesús.
En primer lugar podemos suponer que dentro de esa multitud tenemos
un grupo que representa a quienes se consideran puros en forma
excluyente y separados en su pureza adquirida a través
de elaborados procesos rituales y litúrgicos y del cumplimiento
estricto de diversos códigos de pureza. Este es el grupo
de los religiosos fundamentalistas conocidos como fariseos y que
se apegaban a la letra de las Escrituras olvidando el Espíritu
que les dio nacimiento. Este es el grupo que no admite disidencias
ni una diversidad de interpretaciones posibles. Es el grupo del
discurso que pretende ser hegemónico, basada su legitimidad
en el número de adherentes y que tiene como objetivo ser
homogéneo, expulsando de su grupo a todo sospechoso de
una débil adhesión. A partir de esas posiciones
fundamentadas en el cumplimiento estricto de códigos de
pureza se justifican las diversas exclusiones de personas y grupos.
El segundo grupo que seguramente se encontraba representado dentro
de la multitud es el de aquellos fanáticos políticos
que tenía una expectativa de la llegada de un Mesías
glorioso que les liberaría de todas las opresiones políticas
bajo las cuales se encontraba sometida la población que
rodeaba a Jesús de Nazaret. Esperaban un Mesías
que cambiaría la suerte de la nación, y que les
liberaría para poder ahora ellos mismos oprimir y explotar
a todos los pueblos del mundo. Simplemente buscaban cambiar de
lugar pero no de sistema. Es por ello que tenemos que utilizar
con mucho cuidado el título de Hijo de David aplicado a
Jesús de Nazaret. Indudablemente, de la misma forma que
Jesús es la antítesis de Moisés y que el
Evangelio no es la Ley, también es la antítesis
de David. Es muy cierto que el ADN de Jesús tiene muchos
elementos heredados de la sangre de David pero su forma de presentarse
es totalmente diferente. Jesús se coloca en las antípodas
de David que como rey guerrero no tenía ningún problema
en cortar cabezas, aniquilar poblaciones enteras fundadas en derechos
divinos para ocupar ciudades y tierras. Esa metodología
de conquista es totalmente desechada por Jesús de Nazaret
y de allí su reserva en utilizar esa denominación.
Ese fanatismo político revestido de ropaje teológico
también fundamentaba una concepción de comunidad
donde muchos quedaban excluidos y vulnerables a todas las opresiones.
El tercer grupos que también posiblemente podríamos
encontrar en la multitud es la de quienes consideraban que todos
los demás se habían corrompido y que hacían
necesario hacer visible la ruptura o la negociación con
el Templo y con los demás grupos que aún dentro
del mismo pueblo consideraban que habían tergiversado la
única comprensión posible de las Escrituras y que
eran ellos y solamente ellos los que guardaban los verdaderos
sábados y las verdaderas leyes. También desde esa
hermenéutica fundamentaban la estigmatización de
los demás y la marginación propia. Seguramente con
alegría dirían que ellos y ellas no eran de este
mundo contradiciendo la afirmación de Jesús de Nazaret
que cuando proclamo que su Reino no era de este mundo lo hizo
justamente en el centro y en el medio de ese mundo al que amaba
tanto.
Las y los discípulos de Jesús de Nazaret reflejan
en su propia conducta, convicciones y reacciones a todos y cada
uno de estos grupos pretendidamente ortodoxos. No están
lejos de ellos y ellas en su manera de pensar y actuar y de allí
la dificultad que tienen de comprender la teología escandalosa
de Jesús de Nazaret y por eso, muchas veces, concuerdan
con quienes la considerada una teología blasfema.
La comparación del Reino de los Cielos no es con el hombre
sino con la siembra. Tanto el sembrador como la semilla son buenas
pero se las siembra en el contexto de un proceso de liberación
enfrentado a un enemigo que se escandaliza del proceso de liberación
y su consecuente inclusividad. Es el enemigo que actúa
a partir de su escándalo a partir del escándalo
de la teología de Aquel que será acusado por ese
enemigo de ejercer una teología blasfema y que finalmente
conducirá esa teología blasfema a la cruz.
Los peones de este propietario, que representan a las y los discípulos
de Jesús de Nazaret, son los que con sus preguntas revelan
sus dudas sobre el accionar en la implementación del Reino
de los cielos. Dudan de la calidad de las semillas y no se explican
cómo y porqué el Señor del mundo y del Reino
permite la existencia de ese enemigo. Seguramente podemos leer
debajo de estas preguntas que dudan que la solo fe en la sola
gracia del solo Cristo que nos interpreta las sola escrituras
sea proceso de suficiente calidad y eficiencia. Quienes estamos
comprometidos en el acompañamiento a las personas y grupos
vulnerables al estigma y la discriminación relacionados
con el vih conocemos muy bien esos dedos que con tanta rapidez
se levantan para señalar a quienes consideran como impuros
y no dignos de formar parte de la comunidad del Reino de los Cielos.
Son también esos peones del propietario del campo que quieren
ya excluir y marginar. Ese es el proyecto de muchos discípulos
y discípulas indudablemente, tanto ayer como hoy. Conocemos
muy bien esos silencios que han acompañado las repetidas
aventuras de querer quemar, matar o perseguir a quienes consideran
como cizaña. Son aquellos que quieren destruir la tensión
de vivir bajo las dos miradas que nos revela la afirmación
que somos simultáneamente justos y pecadores. A los ojos
de Dios su mirada nos contempla como justos y dignos de ser parte
activa del Reino de los Cielos, pero lamentablemente esa mirada
le pertenece y es propiedad del Señor de todos los campos
y de todas las cosechas. A nosotros y nosotras no nos queda más
que la mirada desde la Ley y desde todos los códigos de
pureza con los cuales nos vemos a nosotras y nosotros mismos como
pecadores y mucho más a nuestros pobres contemporáneos
y compañeros de ruta. No tenemos esa doble mirada.
Ante la impaciencia de los peones de querer apresurar juicios
y fuegos, resalta la paciencia de la gracia del dueño de
todos los campos. La paciencia de Aquel que nos llama a todos
y todas a ser parte del Reino Celestial y la impaciencia de quienes
quieren robarle al dueño la tarea de separar la cizaña
del trigo y al no tener su mirada seguramente estaremos arrancando
aquellos y aquellas que son contemplados como trigo por el propietario
del campo pero que a nuestra mirada impaciente solamente les vemos
como cizaña digna de todos los fuegos que tan a menudo
prometemos a nuestro torturados contemporáneos. Esa impaciencia
seguramente transforma a muchos que estaban llamados a ser el
trigo de la paciencia y pan de la locura evangélica en
cizaña estigmatizadora.
Si superamos las dudas con relación a la originalidad de
la explicación de esta parábola, vemos a Jesús
dejando a la multitud y a todos los grupos opuestos a su forma
de entender la voluntad de aquel que es el Señor del Reino
Celestial, podemos encontrar un buen diccionario de las formas
correctas de hablar desde el Evangelio. Jesús de Nazaret
se identifica a si mismo con ese título universal que hoy
podemos modernizar para hacerlo realmente inclusivo como el Hijo
de la Humanidad, el modelo existencial al cual todas y todos estamos
llamados a vivir y hacer visible hasta la cruz.
El campo es el mundo y es en el centro de ese mundo en el que
estamos llamadas y llamados a sembrar la buena semilla que no
nos pertenece y cuya calidad depende, no de nuestras virtudes
y proezas, sino de la voluntad de inclusión radical del
propietario de todos los campos. Ese proceso es un proceso de
liberación de diversas tiranías. La acción
del Cristo de Dios no tiene que ver con los pecados sino que en
la cruz nos libera de las diversas tiranías, tanto de la
muerte y de la ley, para darnos salvación, y esta no tiene
que ver con el perdón de los pecados sino con la vida nueva
celebrada bajo la mirada santificadora de Aquel que se hace soplo
para guiarnos por la verdad hacia toda la libertad. Ese Hijo de
la Humanidad es el que ha de enviar sus ángeles para liberarnos
del escándalo que aún hoy nos provoca la escandalosa
gracia de Dios y que nos llama a librarnos de la tentación
de transformarnos por nuestras exclusiones en cizañas teológicas.
¡El que tenga oídos que oiga!
Para la oración de las y los fieles.
Condúcenos, escandaloso Espíritu de toda misericordia,
para que junto a todo el pueblo de Aquel que se hace Padre para
que todas y todos seamos hermanos y hermanas, podamos vivir plenamente
la paciencia de tu Reino.
Se hace un breve silencio.
Te
encomendamos entre tus manos de incondicional amor, a todos tus
hijos e hijas para que juntos nos puedas mirar como las y los
herederos de tu propuesta de un Reino donde todas y todos encuentran
su hogar, su familia y su libertad.
Te encomendamos entre tus manos creadoras a todo el universo,
a toda la humanidad, a este mundo en el cual vivimos y que gime
esperando la liberación. Que tu Espíritu de restauración
nos facilite la tarea de reparar el daño que hemos hecho
y continuamos haciendo.
Te encomendamos a todas y cada una de las naciones de este mundo
tan amado por Ti y tan desprestigiado por quienes tienen la misión
de proclamar tu amor por ellos y ellas y a la vez anunciar con
claridad que tu Reino no es de este mundo.
Te encomendamos a quienes en medio de tantas crisis provocadas
por nuestras cegueras, incompetencia y egoísmo, necesitan
tener esperanza, sentir solidaridad, y recuperar las fuerzas para
trabajar por el pleno ejercicio de todos los derechos humanos,
especialmente a quienes están al borde de perder toda paciencia.
Aquí se pueden incluir
otras intercesiones.
Te damos gracias por el testimonio de hermanos y hermanas en Cristo,
que al vivir existencias apasionadas por tu encarnación,
vida y pasión han intentado de diversas formas establecer
espacios de liberación donde tu Reino viene y brilla en
medio de todas las tinieblas. Que tu Espíritu de Luz nos
haga brilla de tal manera que todas y todos queden admirados de
la forma radicalmente inclusiva con la cual nos amamos unos a
otros, aún hasta dar la vida por las hermanas y hermanos
estigmatizados y marginados.
Entre tus manos, Fuente de toda Vida, nos encomendamos a nosotras
y nosotros mismos, y las realidades y personas por las cuales
hemos hecho memoria, porque siempre renovamos nuestra confianza
en tu sola gracia que recibimos por la sola fe en Cristo la única
fuente de verdadera existencia en calidad.
Pastor
Lisandro Orlov
Pastoral Ecuménica VIH y SIDA
Buenos Aires, Argentina
Julio 2011
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