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ABRAZANDO LA ESPERANZA [1] : Una pastoral evangélica para la crisis del SIDA INTRODUCCION Las iglesias cristianas serán juzgadas por su participación solidaria en medio de las crisis humanas. Los otros niveles de la realidad eclesiástica serán evaluados en la medida que ellos facilitaron o impidieron un compromiso real con el mundo que rodea a las comunidades cristianas. En estos finales de siglo XX, a los temas ya existentes y que desafían a las iglesias como el hambre y la injusticia social, la promoción de poblaciones marginadas, la lucha por la justicia, los derechos y la dignidad humana, se viene a sumar la crisis del SIDA. La presencia de los cristianos en medio de esta nueva crisis debe ser una continuidad y una parte de su lucha por la persona humana en su totalidad, llamada por Dios a vivir en unión, servicio y justicia. LOS DERECHOS HUMANOS El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos en su última asamblea de septiembre de 1987 asumió como un capítulo de la defensa de la dignidad del ser humano el implementar una pastoral solidaria con aquellas personas afectadas por la crisis del SIDA. En aquella oportunidad se designó al Pastor Carlos Lisandro orlov para que proyectara e implementara esa acción pastoral. Con posterioridad, la Junta Pastoral del MEDH aprobó un plan de trabajo consistente en: 1) Educación: Brindar a las comunidades locales y a sus líderes información sobre esta enfermedad, origen, transmisión, consecuencias con la finalidad de estructurar una acción solidaria; 2) Legal: Brindar a través de la estructura del MEDH, asesoramiento jurídico-legal a los afectados ya que se han presentado graves casos de discriminación, tanto a nivel de trabajo como a nivel sanitario (despidos al conocerse el diagnóstico, negativa a atender u operar a un paciente); 3) Pastoral de acompañamiento: Proclamar en medio de los afectados por el SIDA la gracia y el amor de Dios para con todas sus criaturas. Este acompañamiento está dirigido a los portadores del virus, a los enfermos, a sus familiares y amigos. El Pastor Orlov, que pertenece a la Iglesia Evangélica Luterana Unida, ha comenzado desde el año pasado a implementar esta tarea pastoral. En primer lugar viene capacitando a un grupo de voluntarios que desean trabajar en las distintas facetas que presenta esta pastoral: educar a iglesias y colegios, acompañar a las personas que se ha detectado que han sido expuestas al virus, creando grupos de auto-ayuda y de contención, y una presencia humana en las salas de internación en el Hospital Municipal de Enfermedades Infecciosas F. Muñíz de la ciudad de Buenos Aires. El grupo de voluntarios trabaja en primer lugar sobre sí mismo, sus motivaciones personales para involucrarse en este tipo de pastoral y el contenido del mensaje a llevar. Es importante tener muy en claro que no se va a ayudar a morir sino a vivir cada momento en el amor y la esperanza absoluta, proponiendo un proyecto de vida de acuerdo a las posibilidades de cada persona afectada por la enfermedad. En reuniones grupales y acompañados por psicólogos, se elaboran los miedos propios, los prejuicios y las limitaciones, de forma tal que cada voluntario esté capacitado para distinguir lo que es propio y lo que pertenece a la persona afectada. El objetivo de este período es que los voluntarios no proyecten sobre otros sus propios problemas y sepan escuchar mejor. Es importante que el voluntario conozca la dimensión de esta pastoral, para eliminar todo voluntarismo espontáneo y poco reflexivo, porque una vez iniciada la caminata junto a las personas afectadas es muy delicado abandonarlas. La enfermedad les ha quitado demasiadas cosas en la plenitud de la vida como para hacerles sentir el abandono de la iglesia. El trabajo con los portadores tiende a capacitarlos en un grupo de autogestión. en el cual aprenden a proyectar objetivos de vida, a solidarizarse y defenderse, y encontrar un espacio de libertad donde, junto a otros en igualdad de situación pueden ir encontrando respuestas nuevas a situaciones nuevas. En todo este trabajo el discurso de los voluntarios es humano y no tiene como objetivo un proselitismo religioso. El objetivo es el ser testigos del amor de Dios y del compromiso de la comunidad cristiana en la búsqueda de justicia y paz, de consuelo y esperanza en medio de esta crisis. El tercer nivel de esta tarea se desarrolla en la sala 17 del Hospital Muñíz. Allí la presencia es eminentemente solidaria y de acompañamiento. A diferencia de otros grupos, los voluntarios no reparten ni rosarios ni porciones bíblicas. La aproximación se hace a partir de las necesidades de la persona enferma. Constantemente tratamos de hablar de persona enferma y no de "enfermo" porque no queremos que un aspecto circunstancial, "la enfermedad" absorba la totalidad de la personalidad. Partiendo de las necesidades concretas del afectado se elabora el diálogo y la amistad Esas necesidades van desde ayudar a comer, alcanzar objetos diversos y, muy a menudo, el permitirles hablar con entera libertad sobre sus frustraciones y temores, que no pueden siempre hacer con sus amigos o familiares. Esta presencia trata de ser continua, y a través de los voluntarios se busca asegurar una continuidad diaria de presencia. Sin duda. tarde o temprano surge la pregunta por parte de afectados, familiares y amigos de porqué este grupo de voluntarios está presente en esa sala. Si logramos suscitar esa pregunta habremos alcanzado una parte de nuestro objetivo. No sólo los afectados directos necesitan de acompañamiento sino también sus familiares que llegan sin mayor conocimiento sobre la enfermedad y sus formas de contagio, prejuicios sobre estilos de vida y temores al qué dirán. Asimismo el personal de enfermería necesita ser acompañado porque en muchos casos son los que más tiempo y más cerca están de los afectados. También ellos tienen temores, desilusiones e impotencia ante la magnitud del desafío. Igualmente es necesario colaborar con los médicos para que permanentemente recuerden que tienen frente a ellos a una persona total, que además de procesos físicos a medir y medicar, hay un ser humano con sentimientos. EDUCACIÓN. A diferencia de otras situaciones, en este caso del SIDA, las iglesias, al igual que la sociedad, necesitan ser educadas para eliminar temores y prejuicios. A semejanza de la actividad asumida durante la dictadura militar, muchas personas y por supuesto, muchos cristianos, asumen idéntica actitud que frente a los desaparecidos: "si está enfermo, por algo será." En este aspecto las iglesias pueden y deben ponerse a la vanguardia de la sociedad. Tenemos un claro ejemplo en el Señor de la Iglesia y del mundo. Jesucristo frente a los "impuros" y marginados de su tiempo no dudó en ponerse al lado de ellos, comiendo con ellos, fraternizando y siendo asimilado por los demás a la situación y condición de aquellas personas que por diversos motivos no se los consideraba dignos del amor de Dios. "Por eso los fariseos y maestros de la Ley murmuraban y criticaban "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos" (Lucas 5,2). El comer con ellos, con los pecadores, es identificarse con ellos y a partir de esa realidad comenzar a caminar en una nueva dimensión. Jesucristo no sólo comió con ellos sino que también se atrevió a tocarlos, en contra de toda disposición ritual, convirtiéndose por ese acto él mismo en impuro (Marcos 4,1) La solidaridad no se mide por estadísticas. Si bien esta crisis momentáneamente afecta a relativamente pocas personas, si la comparamos con otras enfermedades, la carga de temores y prejuicios que la afectan directamente es inmensamente mayor que cualquier otra situación conocida actualmente. Nos confrontamos nuevamente, desde que aparecieron los antibióticos, a una enfermedad de características mortales transmisible por contagio. Esa es una realidad nueva para las nuevas generaciones. En un primer momento se la limitó a grupos determinados: homosexuales y drogadictos. Todo ello contribuyó a dificultar la presencia de los cristianos en medio de esta crisis. Por ello debemos rever nuestra posición, no en base al número, pero sí al testimonio. El SIDA es un claro desafío a las iglesias. El tocar a una persona afectada con el SIDA será desafiar a los maestros de la Ley porque seremos perseguidos y calumniados. Quienes tengan interés en participar en esta pastoral de solidaridad con las personas afectadas por el SIDA, sus familiares y amigos, pueden comunicarse con el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Solís 936 o llamar a los teléfonos 23-7263 ó 26-08117, Y concertar una entrevista con el Pastor C.L.Orlov. Buenos Aires, 6 de noviembre de 1987 Estimado hermano: La crisis médica del SIDA nos desafía profundamente y desafía a las iglesias. Esta crisis nos llama a ser en verdad y en profundidad una comunidad de sanidad. Esta crisis convoca a las iglesias y las desafía a responder de acuerdo a una renovada fidelidad al Evangelio desplazando rígidos patrones moralizantes que la han paralizado y esterilizado hasta el momento. Aunque parezca paradójico, la crisis del SIDA será uno de esos parámetros con el cual las iglesias han de ser juzgadas. Allí está nuestro prójimo que espera una respuesta creativa, llena de imaginación y en especial de solidaridad que anuncie con claridad la misericordia de Dios. En vista de ello, y con la finalidad de implementar una urgente respuesta a la crisis del SIDA, es que la Junta Pastoral del MEDH ha incluido este tema dentro del campo de la lucha y defensa de los derechos humanos. Deseamos formar un equipo multidisciplinario y con un profundo compromiso evangélico, que estructure y ponga en marcha un plan de asistencia pastoral que incluya tres áreas: 1) defensa de los derechos humanos frente a la marginación social, laboral, sanitaria que puedan sufrir los pacientes de esta enfermedad. Esta presencia sería a través de un servicio legal. 2) Implementación de un programa educativo que capacite a las iglesias en la programación de una pastoral adecuada para con estos pacientes, sus familiares y amigos. Este plan de educación que tiene como objetivo destruir la ignorancia, el prejuicio, el temor irracional, etc., también estará dirigido a la población en general, en especial a aquellos que por sus responsabilidades y tareas puedan estar en relación con los pacientes del SIDA. 3) Por último, es nuestro intento proyectar una capellanía o seguimiento pastoral que pueda brindar concretamente un testimonio cristiano tanto a pacientes como a portadores, u otras personas incluidas en la así llamada población de riesgo. Por todo ello, le solicitamos nos ponga en contacto con aquellas personas que, dentro de la comunidad, puedan estar ya trabajando en esta línea o que lo desean hacer. Desde ya agradecemos su colaboración y nos encomendamos nosotros y este proyecto a sus oraciones. En Cristo Jesús. Obispo Federico J. Pagura Copresidente. Pedro Daniel Manoukian Copresidente Obispo Jorge Novak Copresidente [1] Revista Luz y Verdad. Nº 713. Año 68. Mayo 1988. Pág. 10 a 13 |