HOMOSEXUALES CATÓLICOS. ¿Cuál es la visión de la teología católica con relación a los hombres y las mujeres de orientación homosexual? La posición tradicional es demasiado bien conocida. La homosexualidad ha sido siempre rechazada como un vicio contra la naturaleza. En las comunidades patriarcales, tal como lo era Israel, la homosexualidad entre varones era vehementemente repudiada como algo que socavaba la dignidad masculina y aún las mismas estructuras de la sociedad. Jesús guarda silencio con respecto a la homosexualidad, pero en cambio el apóstol Pablo sigue la enseñanza tradicional hebrea. Mientras que hubo una cierta práctica de la pederastia en la sociedad griega, la Iglesia cristiana repudió la homosexualidad en cualquiera de sus formas, como una directa oposición al orden natural y social. La homosexualidad fue considerada como un pecado contra la naturaleza y como tal una práctica aborrecida. Esta ha sido la voz de la tradición. En los recientes años, sin embargo, el argumento de lo natural y lo antinatural ha llegado a ser bastante problemático en la teología católica. La razón de ello no ha sido la influencia de la filosofía existencialista o lo que en algunas ocasiones se ha llamado la ética situacional. Estas tendencias tienen un énfasis demasiado individualista como para armonizar con la tradición católica. Pero, sin embargo, este cuestionamiento del concepto deriva del análisis de la cultura y de la sociedad, ya que aquello que se llama ‘naturaleza humana’ ha tenido su historia y es, en parte al menos, una creación popular, tanto en sus interacciones como en su lenguaje simbólico. La naturaleza humana no es un simple concepto dado. Es algo dado sólo para aquel individuo nacido en un medio específico, pero contemplado desde un punto de vista histórico y comunitario, el concepto de naturaleza humana ha sido creado por la acción de personas estrechamente ligadas por instituciones y por un repertorio común de símbolos. Por esta razón, los teólogos sostienen que aquello que es llamado naturaleza humana en las distintas culturas, deber ser apreciado críticamente. Teniendo en cuenta que este concepto ha sido elaborado a través de un largo período, puede incluir elementos que son en si deshumanizante. Una cultura llama usualmente ‘naturaleza humana’ a la autocomprensión que tiene de sí la clase dominante y desde esta conceptualización extiende poderosamente los ideales y el poder de esa clase. Los teólogos deben tratar de discernir lo heredado, y en el concepto históricamente construido de la naturaleza humana como una posible estructura de opresión, legitimando en variadas formas lo que Hegel ha llamado la relación amo-esclavo. Por ello, los teólogos católicos, que trabajan con las relaciones de los hombres y las mujeres son cada vez más suspicaces con respecto al antiguo argumento de lo natural. ¿No es quizás el hablar de lo natural del hombre y de la mujer una forma de legitimar el poder superior que el hombre ejerce en nuestra cultura. El juicio de Dios, que nos permite el discernir las estructuras del mal en el mundo, descansa aún sobre la naturaleza humana históricamente construida. Los cristianos creen, por supuesto, que la gracia divina y el divino llamado son también operativos en el quehacer humano de las personas en las diversas tradiciones culturales, pero los teólogos desean estar también atentos de igual manera a los elementos de deshumanización entretejidos entre los ideales culturales y las instituciones. En otras palabras, la naturaleza humana tal como ella es comprendida en la actualidad, no es normativa para los teólogos. Ellos desean desterrar de este concepto el posible reflejo de la relación amo-esclavo. Lo que si es normativo para la vida normal es el concepto que la naturaleza humana ha sido convocada divinamente, y que esta convocatoria es definida en términos de mutualidad. Esta es, al menos, la promesa de la religión bíblica. ¿Estamos seguros de que la homosexualidad en hombres y mujeres es contraria a la naturaleza? ¿Es la prohibición de la homosexualidad, constante en nuestra cultura y en nuestra herencia religiosa, una protección de lo bueno y santo en la vida humana? ¿O es, más bien, una legitimación de la estructura social heredada que asigna a los hombres y a las mujeres un definitivo y desigual lugar? Ya que el concepto de naturaleza humana es producto de un proceso histórico, y desde que, en otras palabras, el pueblo a lo largo de los siglos ha participado en la creación del concepto de naturaleza humana a través de la institucionalización y la simbolización de sus vidas, el antiguo argumento contra la homosexualidad basado en el concepto de la naturaleza debe ser reexaminado. El reciente descubrimiento de que los símbolos y las instituciones se hallan incluidos en la autocomprensión histórica del pueblo afecta, desde otro punto de vista, la reflexión teológica sobre la homosexualidad. Estudiando los efectos de la sociedad sobre la conciencia, hemos llegado a ser profundamente conscientes de que el radical rechazo de la homosexualidad y de los tabúes que la acompañan en la cultura religiosa y secular, coloca indescriptibles cargas sobre aquellos hombres y mujeres que se descubren como homosexuales. Las personas que han sido llevadas al desprecio por la sociedad, marginados por la costumbre, vilipendiados por el lenguaje vulgar o por la sutil exclusión, y juzgados enfermos, inmorales, pervertidos, pueden, en un sentido o en otro, internalizar estos juicios en la forma de un autorechazo y un odio contra si mismo. Los hombres y las mujeres de orientación homosexual pertenecen al más oprimido de todos los grupos de la sociedad. Mientras que otros grupos expuestos al desprecio y al rechazo pueden encontrar en sus propias tradiciones la fuente de orgullo y de autoestima, las personas de orientación homosexual son llevados a creer en la perversión de su propia naturaleza y desprovistos de un verdadero fundamento para la autoestima. Viendo el crimen colectivo de tal magnitud y la violencia infligida a los hombres y mujeres de orientación homosexual, los teólogos comienzan a sospechar que los argumentos tradicionales contra la homosexualidad no están fundamentados sobre conceptos claros y verdaderos de la naturaleza como convocada por el llamado de Dios, y como un rechazo a examinar los fundamentos de nuestra cultura. Permítaseme agregar que esta reflexión sobre el poder de la sociedad como para crear conciencia también pone un signo de pregunta sobre los esfuerzos llevados a cabo por la investigación psicológica acerca de la homosexualidad. Porque ¿quién sabe si las pautas del comportamiento homosexual en nuestra sociedad, especialmente los conflicto interiores, sus impedimentos, sus temores debilitantes, son debidos a la especial naturaleza de la homosexualidad, o más bien, a las heridas infligidas sobre estos y estas por la sociedad hostil? ¿Podría ser que los problemas psicológicos de los hombres y mujeres de orientación homosexual nos digan mucha más acerca de las pautas de exclusión de la sociedad que acerca de la naturaleza de la orientación homoerótica en sí misma? ¿Qué es entonces lo que conocemos sobre la orientación homosexual? La literatura psicológica no nos provee de demasiadas respuestas en relación a la naturaleza y origen de la orientación homosexual. En su libro “Leonardo da Vinci”, Sigmund Freud propone una teoría relacionando el origen de la orientación homoerótica a ciertas experiencias y conflictos en la primera infancia; agrega, sin embargo, que esta teoría solo puede ser aplicada a algunas personas de orientación homosexual y que aquello que designamos bajo la común denominación de homosexualidad puede de hecho referirse a una fenómeno humano complejo y que no se puede reducir a un origen único. Es interesante, por otra parte, que mientras en este libro Freud adopta una teoría que considera a la orientación homosexual como un desarrollo personal defectivo inducido por experiencias traumáticas en la infancia, insiste fuertemente que Leonardo da Vinci, homosexual, no era un ser neurótico y sí muy creativo. La mayoría de los psiquiatras se inclinan sobre sus pacientes para un mejor conocimiento de la homosexualidad. Freud prefirió el estudio de la orientación sexual de un genio capaz de trascender las presiones de la sociedad y por ello llega a la distinción, usualmente menospreciada por la escuela freudiana, entre el homosexual neurótico y el homosexual no neurótico. Esta distinción la hacemos notar, es oscurecida por el psiquiatra que desea llamar a la homosexualidad como una enfermedad. A pesar de las diferentes teorías en relación con el origen de la homosexualidad, existe un amplio acuerdo entre los psiquiatras y los psicólogos de las diferentes escuelas de que es posible distinguir dos modos de orientación homosexual: una fase por la cual se debe transitar y una constante en la cual se vive. En algunas personas el interés y la actividad homosexual aparece como un fenómeno temporario, ya sea como una regresión a un primitivo estado del desarrollo personal o como una respuesta especial a la privación heterosexual y a otras presiones. En otras personas, hombres y mujeres, la orientación homosexual aparece profundamente enraizada en sus estructuras personales. En el primer caso, la homosexualidad es una fase que disfraza una orientación sexual más básica de la persona humana; en el segundo, la homosexualidad es un elemento constitutivo de la personalidad. Si esta distinción es justificada, es tarea de los hombres y de las mujeres que descubren inclinaciones homosexuales en ellos, llegar a discernir si esa inclinación es una fase que les impide una plena realización de sus posibilidades reales, o si la homosexualidad es un elemento constitutivo de su estructura personal. Puede ser difícil hacer esta distinción. Las personas gay fácilmente se dirigen al psiquiatra y la psicólogo para llegar a tales autodescubrimientos, pero demasiado a menudo estos consejeros no están de acuerdo entre ellos mismos. Supongo que eventualmente la comunidad homosexual misma producirá los test y la comprensión terapéutica que permita a las personas llegar a un mayor autoconocimiento y descubrir si ellos y ellas son constitutivamente de orientación homosexual. ¿Cuál es la tarea moral de las personas que descubren que ellos tienen una orientación homosexual? ¿Pueden afirmar positivamente esta inclinación dentro de ellas y ellos mismos? En el pasado solíamos decir que, a causa de la orientación en contra de la naturaleza de sus inclinaciones, estas personas debían suprimir sus inclinaciones en la medida de lo posible. Pero desde que la noción de naturaleza humana, especialmente cuando se la aplica a la relación del hombre y de la mujer, ha llegado a ser problemática, dudamos hoy en día esbozar la misma conclusión. La cuestión más importante, de acuerdo con la reflexión hecha más arriba, es si la homosexualidad está abierta a la mutualidad. ¿Es la orientación homosexual capaz de fundamentar una amistad que permita a las partes crecer y llegar a ser cada vez más verdaderamente humanos?. Esta es la pregunta crucial ya que la estructura de la vida humana es la mutualidad. Existen inclinaciones sexuales desconcertantemente perjudiciales, por ejemplo: el sadismo, el masoquismo, la pedofilia, las cuales no pueden ser reconocidas sin cierto problema porque ellas excluyen la mutualidad. Unen a los participantes en un juego cruel de poseedor y de poseído. La cuestión importante es, por la tanto, si la homosexualidad está abierta a la mutualidad ¿Puede ella ser integrada dentro del género de vida la cual Dios nos convoca? Algunos psiquiatras y psicólogos dan una respuesta negativa a esta pregunta. Sus pacientes les han convencido que las relaciones homosexuales sólo producen tormento y pasiones inestables. Sin embargo, poseemos en la actualidad el testimonio de personas homosexuales, tanto varones como mujeres, que han luchado por alcanzar un autoconocimiento y trascendido el peso que la sociedad había puesto sobre ellos y ellas, y que pueden hoy decirnos que sus vidas están fundamentadas en la mutualidad. Más específicamente tenemos el testimonio religioso de cristianos y católicos que la homosexualidad les ha fortalecido en la responsabilidad, en el compartir y en sostener una amistad muy en serio y se debe concluir que las personas que son homosexuales constitutivos deben aceptar su orientación y vivir de acuerdo con ella. El amor homosexual, por lo tanto, no es contrario a la naturaleza humana, definida en términos de mutualidad, y hacia la cual toda la humanidad está convocada. Es verdad que algunas personas son homosexuales constitutivos y que las relaciones homosexuales les capacitan para la mutualidad, luego desde el punto de vista de la teología cristiana, es tarea de las y los homosexuales reconocerse como tales frente a Dios, aceptar su orientación sexual como su especial llamado, y explorar el significado de esta inclinación para la vida cristiana. Esta es la posición adoptada por “Dignity”1. Esta organización sostienen que éste es el llamado a los católicos de orientación homosexual para que afirmen su orientación sexual en la fe, al contemplarse a sí mismos como miembros con plenos derechos de la comunidad de creyentes y a expresar su sexualidad de una forma en consonancia con la enseñanza de Cristo sobre el amor. Esta posición teológica, deseo agregar, es completamente independiente de cualquier teoría en particular acerca del origen de la homosexualidad. Porque aún si uno deseara seguir a Freud en relación a su comprensión de la homosexualidad como un desarrollo personal defectivo, como una pérdida o deficiencia de la plenitud (semejante al haber nacido ciego o el tener una sola pierna), es aún así necesario para un homosexual creyente el afirmarse delante de Dios en la fe, el aceptar sin ningún tipo de lamento y de desprecio de sí mismo que el mundo impone sobre él o ella, y el buscar una vida positiva y plena. Es necesario agregar, en este momento, que el hombre y la mujer de orientación homosexual tiene una mayor necesidad de un conocimiento de sí mismo y de sabiduría personal que otras personas. En nuestra cultura las personas gays son muy a menudo gravemente heridas y deben luchar consigo mismas antes que la libertad del amor y del olvido de aquellas heridas puedan serle accesibles. Esto se puede afirmar, aparte completamente de la cuestión aún sin resolver acerca del origen de la homosexualidad. Porque aún si uno niega la teoría freudiana que dice que la homosexualidad es causada por un trauma infantil y ello acompañado por conflictos que han de ser encarados posteriormente en la vida, está más allá de toda discusión que la sociedad coloca sobre las personas de orientación homosexual una pesada carga y que es casi imposible para las personas con esa orientación crecer sin estar expuestos a las amenazas y a las presiones de un mundo cruel. Los insultos están allí cualquiera sea el origen de la homosexualidad. ¿Dónde se pueden volver las personas gays en busca de consejo y sabiduría? ¿Quién les ha de enseñar a conocerse a si mismos? Los profesionales psiquiatras y muchos sociólogos tienden a considera a las personas homosexuales como casos médicos. Otros psicólogos adoptan una actitud permisiva sin llevar a sus clientes a un conocimiento de si mismos de tipo crítico. Las iglesias han mirado a las personas homosexuales como pecadores. Si el pueblo gay llega a poder encontrar líneas de conducta que les permita liberarse de las heridas que los conducen a la hostilidad y al desprecio de si mismos, ella será una generación llena de sabiduría. (Traducido y adaptado del texto en inglés) Autor: Gregory Baum (Profesor de Estudios Religiosos en el Colegio Saint Michel de la Universidad de Toronto, Notario, Canadá) Tomado de ‘Homosexuality and Ethics’, editado por Edward Batchelor Jr. The Pilgrim Press. New York. 1980 pág. 22 a 27.
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