ESTUDIO CINCO

¿CÓMO APLICAR LA ENSEÑANZA BIBLICA?

PRESENTACION

Una vez que hayamos establecido lo que un determinado pasaje bíblico le decía a la gente a la que estaba dirigido en primer lugar, nuestro objetivo de interpretar ese pasaje está  alcanzado sólo en parte. La segunda parte de nuestra tarea es la de determinar lo que este pasaje nos quiere decir a nosotros. ¿Cómo aplicamos el texto?

Para poder trabajar con esta cuestión en forma responsable, debemos realizar un análisis básico sobre la naturaleza y propósito de las Escrituras, sobre la revelación y la inspiración, sobre la ley y el Evangelio, sobre la finalidad y la autoridad de las Escrituras.

Podremos pensar que ya habíamos resuelto estas cuestiones hace tiempo, pero cuando nos enfrentamos con un problema particularmente molesto, descubrimos a menudo que lo que habíamos pensado eran preguntas cerradas, necesitan ser reabiertas. ¿Qué significa en la práctica confesar que la Escritura es inspirada y que es la única norma para la fe y la vida?

1- LA NATURALEZA DE LA ESCRITURA

Lutero advirtió a sus contemporáneos que no convirtieran a Cristo en un nuevo Moisés y que no hicieran del Evangelio una nueva ley. En esta advertencia Lutero capta perfectamente lo que Pablo afirmo en Romanos 10:4 "... porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente". Sin embargo, se ha de reconocer que aun dentro del luteranismo, no existe un total consenso sobre lo que puede significar eso en la práctica. Aun a riesgo de simplificarlo, permítasenos sugerir que básicamente existen dos puntos de vista opuestos de la Escritura que han guiado en sí a los expertos de la Biblia.

Por un lado, la gente puede considerar a la Biblia como una colección de verdades eternas que deben permanecer inviolables para siempre. De acuerdo a esta perspectiva, la Biblia identifica absolutos morales, nos dice lo que siempre es correcto y lo que siempre es equivocado, para que uno pueda recurrir a la Biblia para descubrir qué es lo que se debe hacer en determinadas circunstancias [1] .

Por otro lado, se puede sostener que la Biblia no se ocupa de absolutos morales. No nos dice lo que está  siempre bien o mal, no es una ley, sino que su objetivo principal es el de asegurarnos que Dios nos ama tal cual somos y que Dios justifica al pecador.

Por supuesto que existe una gran parte de verdad en ambas posiciones, pero la mayoría de nosotros probablemente no estaría totalmente de acuerdo con una o con otra. Probablemente diríamos que la Biblia es un registro de cómo Dios a lo largo de un extenso período de la historia, se ocupó de variada gente en variadas circunstancias, y de cómo Dios desafió a esta gente a que mantuviese elevados niveles de responsabilidad. Y, sin embargo, siguió amándola y perdonándola aun cuando esta gente dejó de cumplir con su elevada vocación. De ahí que reconoceríamos que existen normas señaladas en la Escritura, pero que la Escritura no puede ser pensada como un "libro de normas". El tema principal de la Escritura es la vida con Dios medida a través de Jesucristo y el Espíritu Santo. Esta vida con Dios incluye la motivación a una acción responsable que proviene de la gratitud y se plasma dentro de una plena relación de amor y de perdón.

2- ¿SON INMUTABLES LAS LEYES DE DIOS?

Probablemente está usted de acuerdo con que lo que es apropiado a los ojos de Dios en un momento determinado en el tiempo puede no serlo en otro. Como lo dice el autor del Eclesiastés: "Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo". (Eclesiastés 3:1). "En un momento es apropiado matar, en otro sanar. En un momento es apropiado destruir, en otro edificar". (Eclesiastés 3:3).

La palabra de Dios para la humanidad en el comienzo de la creación fue: "sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla." (Génesis 1:28). No se sigue que este mandamiento sea aplicable de la misma manera hoy cuando el mundo sufre de sobrepoblación y de falta de aire limpio y agua pura. Pablo mandó a las mujeres de Corinto que se cubriesen la cabeza cuando oraban (1º Corintio 11:5). De ahí que por mucho tiempo la Iglesia haya insistido que las mujeres llevaran su cabeza cubierta y en algunas iglesias esa sigue siendo la ley no escrita. Pero la mayoría de nosotros pensamos ahora que aunque haya habido una razón particular por la que Pablo consideraba inapropiado que las mujeres tuviesen su cabeza descubierta en la iglesia, esa razón no existe más, por lo que las mujeres que hoy van a la iglesia sin un velo no deben temer el desagrado de Dios.

De forma similar, aunque Pablo aconsejaba a las mujeres de Corinto que permaneciesen calladas en la iglesia (1º Corintios 14:34), la mayoría estamos convencidos que hoy en día las mujeres deben ser invitadas a participar en la vida de la congregación en un plano de igualdad con los hombres, y para la mayoría de los luteranos, eso incluye la opción de ser ordenadas para el ministerio pastoral.

Tomemos algunos ejemplos más para ayudar a clarificar el tema. Lean Levítico 19: 11-19. Aquí tenemos una extensa lista de mandamientos y prohibiciones. La mayoría de nosotros estará  de acuerdo que algunos de estos están aun vigentes mientras que otros no. Aun consideramos que está mal que una persona robe, mienta, oprima a su prójimo, calumnie u odie a su hermano o a su hermana. Pero no creemos que siga siendo obligatorio pagar el jornal a las personas contratadas antes del anochecer (19:13b); no vemos ya nada malo con la cruza de caballos con burros para obtener mulas, o usar vestimenta confeccionada con cincuenta por ciento de lana y cincuenta por ciento de algodón, todo lo cual está  claramente prohibido en Levítico 19:19. Mientras que el tener relaciones sexuales con una mujer mientras ella menstrúa puede serle desagradable a muchos, pocos lo llamaríamos una violación a la voluntad de Dios, a pesar de Levítico 18:19. Otro ejemplo más. Hay un mandamiento explícito de guardar el séptimo día de la semana (Éxodo 21:8-11). Creemos que H.W. Armstrong en The Plain Truth tiene razón  cuando le señala a las iglesias que este mandamiento nunca fue oficialmente anulado por Dios, pero creemos que Armstrong está  equivocado cuando llega a la conclusión que por lo tanto es inadmisible celebrar el domingo y no el sábado. Los luteranos (y casi todos los demás cristianos) afirmarían que los primeros cristianos estaban totalmente en lo cierto cuando reconocieron que en Jesús había venido a la tierra alguien mayor que la ley y que los cristianos debían celebrar el día de su resurrección (el primer día de la semana) como algo mucho más importante que el día de reposo de Dios que siguió a la terminación de la creación (el séptimo día). Lutero explica en su Catecismo, bajo el tercer mandamiento, que este mandamiento no está  referido a la observancia de un día determinado, sino a la gozosa escucha de la palabra de Dios todos y cada uno de los días.

Todo esto nos plantea una difícil pregunta: ¿cómo decide uno/a qué regulaciones son todavía aplicables y cuáles no? ¿Con qué derecho y sobre qué principios decimos que Levítico 19:19 no es hoy aplicable, pero que Levítico 19:20 es aplicable en parte; Levítico 19:13a es aun aplicable, pero que 19:13b no; Lev. 19:18 está  vigente pero que Levítico 19:19 no? Parece que estamos siguiendo sólo nuestra intuición al elegir todo aquello que nos atrae.

Durante mucho tiempo se nos enseñó que la clave estaba en la distinción entre las leyes cúlticas y morales. Las leyes cúlticas, aquellas que se refieren a la liturgia, se decía, han sido sustituidas y no están ya en vigencia, mientras que las leyes morales, aquellas regulaciones que están relacionadas con las responsabilidades comunitarias, siguen siendo obligatorias.

Por lo general, esta es una útil distinción, pero no siempre ayuda. A menudo las regulaciones cúlticas tienen dimensiones morales y las leyes morales tienen implicancias cúlticas. No se puede hacer una nítida distinción entre el culto y la vida moral. Más aun, cuando examinamos la lista en Levítico, es claro que hay aun algunas leyes morales que no consideramos ahora que sean obligatorias. Por ejemplo, no insistimos más en que hay que pagar al obrero antes de la puesta del sol como lo exige Levítico 19:13b. Hacerlo el día quince del mes es suficiente, creemos; esperamos que la gente sea capaz de hacer un presupuesto para que no haya necesidad de pagar el jornal cada día a la hora de la salida.

Lo que es más, ciertamente los autores bíblicos no hicieron una distinción entre leyes cúlticas y morales. Eso es ya evidente por la forma en que mezclan las dos categorías de modo rápido y desordenado (lean nuevamente Levítico 19:11-19). De todas maneras, ¿dónde alguna vez se afirma que la ley cúltica está  anulada mientras que no lo está  la moral? ¿Quién inventó las categorías "cúltico" y "moral" en primer lugar? Los términos ciertamente no son bíblicos. ¿En base a qué, entonces, declaramos que algunas regulaciones están vigentes y otras no?

La cuestión central es, sin embargo, que todos nosotros si declaramos que algunas regulaciones son aun obligatorias y otras han sido sustituidas. Ahora debemos enfrentar el tema: suponiendo que la Escritura prohíbe la homosexualidad (Levítico 18:22 y 20:13), ¿se debe considerar a ésta como una prohibición intemporal o como una prohibición limitada temporalmente? Levítico 18:22 que prohíbe la conducta homosexual, también prohíbe la relación sexual con la esposa de uno cuando ella tiene su periodo. ¿Estará  alguien preparado para argumentar que la relación sexual antes de finalizado el periodo menstrual debe ser aun considerada como una ofensa a la voluntad de Dios? Si no, ¿debe uno/a ser consecuente y abogar también por la tolerancia de la conducta homosexual [2] . El tema está  lejos de ser simple.

El otro pasaje que rechaza la conducta homosexual (Levítico 20:13) también prohíbe las relaciones a las que en general también nos opondríamos hoy, e impone la pena de muerte para todas ellas (Levítico 20:10-16). Sin embargo, aun aquí pocos de nosotros estaríamos dispuestos a seguir las regulaciones al pie de la letra. Casi nadie hoy en día castigaría a la persona adúltera con la muerte a pesar de las claras ordenes de Levítico 20:10. Hay quienes deducen que si comenzamos a permitir lo que una vez estuvo prohibido en la Biblia, no somos ya evidentemente fieles a la Escritura [3] . Otros/as argumentarán que estos pasajes de la Escritura no estaban destinados a ser aplicados literalmente en toda época. ¿Quién tiene razón? Y ¿qué tiene que decir todo esto sobre el problema que se nos presenta: ¿cuál debe ser la actitud de un/a cristiano/a con respecto a la homosexualidad? Aun si la Escritura rechaza los actos homosexuales, ¿quiere decir esto que tales actos deben ser rechazados siempre y en toda circunstancia? ¿Cómo debe interpretar uno/a la Biblia? Ese es el tema.

3- HACIA UN PRINCIPIO DE INTERPRETACION

Necesitamos  ahora repensar cuáles principios son los apropiados para la interpretación de la Escritura. Para orientarnos podemos recurrir a Pablo. Pablo no era por cierto un libertino. Sin embargo, indicó con toda claridad que una persona es justificada no por obras de la ley ni por lo que hace o deja de hacer, sino sólo por la fe en Jesucristo (Gálatas 2:16; Romanos 3:20; Romanos 3:28). La justicia y la promesa de Dios no vienen por la ley (Romanos 4:13; Romanos 3:21; Gálatas 3:18); no estamos bajo la ley sino bajo la gracia (Romanos 6:14). Cristo es el fin de la ley (Romanos 10:4). La Ley no puede dar vida (Gálatas 3:21).

Esto debe dejar algo absolutamente en claro: una identificación de la Escritura que trate a la Biblia como si fuera un depósito de reglas para un bien o mal vivir es completamente equivocada [4] ; al menos así lo ve Pablo y los luteranos han tenido siempre una admiración especial por Pablo y por la doctrina de la Reforma que deriva de sus cartas.

¿A dónde nos lleva esto? De acuerdo con Pablo, la ley está  superada y resumida por el mandamiento de amar al prójimo como a uno/a mismo/a (Gálatas 5:14). Los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás y todo otro mandamiento, se resumen en esta sentencia: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo/a" (Romanos 13:9). En esta convicción, Pablo concuerda casi palabra por palabra con la afirmación de Jesús en Mateo 22:39 ss.. Toda la ley está  resumida en el doble mandamiento de amar a Dios por sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno/a mismo/a.

Por supuesto que "el amor" puede ser sentimentalizado y distorsionado más allá de todo reconocimiento hasta que ya no exista ninguna norma objetiva y todo se torna válido, siempre y cuando esté hecho por "amor". En esta línea de pensamiento, "el amor" muchas veces viene a significar poco más que una búsqueda egoísta  de placer. Un hombre casado que se acostaba con la esposa de su prójimo, trató de legitimizar todo el asunto mediante este razonamiento: "debe estar bien con Dios porque la amo".

Ciertamente, el amor puede pervertirse y transformarse en lujuria y egoísmo, pero esa no es razón para que uno/a desee volver a la ley. Jesús destronó a la ley y puso el amor en su lugar. Pablo, unos años después, hizo lo mismo. Y por "amor", tanto Jesús como Pablo quisieron decir un amor éticamente responsable que es motivado por lo que es "servicial", por lo que es bueno para el prójimo (1º Corintios 6:12).

No se debe sugerir entonces que ya no existen reglas o normas para la vida cristiana. La ley aun tiene su utilidad, por limitada que sea. Sin embargo, es una cosa decir que la ley es aun útil y es otra muy distinta sostener que la norma para la vida cristiana debe ser  encontrada en la ley, aplicada literal y rígidamente.

Jesús, de acuerdo a Mateo, era bien estricto con aquellos fariseos bien intencionados y profundamente comprometidos a nivel religioso que estaban tan preocupados por la observancia meticulosa de preceptos específicos, que descuidaban lo "más importante" que eran la justicia y la misericordia (Mateo 23:23).

De acuerdo a Juan 13:34, Jesús les dio a sus seguidores un nuevo mandamiento "Que se amen unos a otros como yo los he amado ..." El amor de Jesús, entonces, ha de ser nuestro modelo. El mundo habrá de reconocer e identificar a los cristianos como a los discípulos de Jesús por una señal infalible: "se aman unos a otros".

Nadie ha entendido mejor que Pablo - y Lutero después de él - que la justificación por la gracia merced a la fe, deja sin sustento a cualquier tipo de interpretación estrecha o fundamentalista de la Escritura. Si los luteranos algo tienen que decirle al resto del mundo y al resto de la Iglesia, es esto.

DISCUSION

¿Está usted de acuerdo con el análisis anterior sobre la finalidad y la autoridad de la Escritura? ¿Qué es lo que le parece insatisfactorio en este análisis?

¿Podemos ser fieles a la Escritura y a la vez no seguir todos sus preceptos al pie de la letra? ¿Cuál es el significado para usted de "fiel a la Escritura"?

A su juicio, ¿qué significa "amar a su prójimo de orientación homosexual como a usted mismo/a”? ¿Cómo podría traducirse ese amor por la persona de orientación homosexual en una acción de servicio?

DEVOCION FINAL

Quizá quiera leer Lucas 10:25-37 como base para su meditación final [5] . Quizá   fuese apropiado aplicar la historia mediante una pequeña paráfrasis: Estaba esta persona de orientación homosexual que trató de encontrar un modo de ser en la vida que fuese éticamente responsable y agradable a Dios así como aceptable a sus semejantes. Los heterosexuales en la sociedad lo odiaban y despreciaban porque era tan diferente y sus costumbres y hábitos les eran repelentes. Le arrojaron piedras hasta que la persona de orientación homosexual cayó sangrando en una zanja. Los sacerdotes y levitas, la gente religiosa de la época, le vieron caído pero siguieron de largo por el otro lado del camino y evitaron ensuciarse las manos. Pero después estaba este samaritano ...

Suponga que el/la samaritano/a vive en su cuadra y describa lo que él o ella está  haciendo que sea de "servicio" para la persona de orientación homosexual.

Concluya con una oración.



[1] Greg. L. Bahnsen, "Homosexuality: A Biblical View" (Grand Rapids: Baker, 1978) cae aproximadamente en esta categoría. Asevera muy enfáticamente: "lo que Dios prohíbe no ha de ser hecho jamás y lo que El manda ha de ser siempre nuestra obligación".

[2] Harold Linsell, "Homosexuals and the Church", Christianity Today (1973), pp. 1288-1292, teme que si se deja pasar un sólo pecado, todos los pecados ser n aceptables. La Iglesia no debe admitir a aquellos a quienes Dios excluye. De ah¡ que Lindsell sostiene que la homosexualidad debe ser rechazada. Lógicamente, también debería excluir cosas tales como la relación sexual durante el período menstrual y la cruza entre caballos y burros.

[3] Esta es la implicación del artículo de Lindsell, entre otras.

[4] Walter Wink, "Biblical Perspectives on Homosexuality", The Christian Century 96 (1979) Págs.1082-1086 afirma audazmente: "No hay una ética sexual bíblica. La Biblia conoce sólo una ética del amor, la que constantemente influye sobre cualquier costumbre sexual que prevalezca en un país dado, en una cultura dada o período dado" (p. 1085) (Existe traducción al español en el sitio www.pastoralsida.com.ar ).

[5] Eventualmente quizá  quiera usted leer el desafiante libro de los feministas evangélicas Letha Scanzoni y Virginia Mollenkott, "Is the Homosexual My Neighbor? Another Christian View" (San Francisco: Harper and Row, 1978).

En castellano, usted puede recurrir al libro de Marciano Vidal: "Homosexualidad, Ciencia y Conciencia", Colección Punto Límite, Nº 14. (Ed. Sal Terrae, Santander, 1981).