Contenido:
Prólogo
Introducción
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Apéndices

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Manual - Apéndices

CAPÍTULO 2

GÉNERO, SEXUALIDAD Y HABLAR CON LA VERDAD

 

En la pandemia del vih y sida, las convicciones con fundamento en la fe y que toman en consideración la equidad fundamental de mujeres y hombres, la bondad de la sexualidad humana y la obligación de hablar con la verdad han sido violadas. Esto ha tenido un efecto devastador. El riesgo y la carga recaen en forma desproporcionada sobre mujeres y niñas, y el silencio con relación a la actividad sexual conduce a la muerte más que a la vida.

Mujeres, niñas y el vih y el sida

En muchas regiones del mundo, más mujeres y niñas adolescentes están infectadas por el vih y sida que los hombres y los muchachos. La tasa de infección entre las mujeres y las jovencitas esta creciendo en forma alarmante. ¿Porque ocurre esto? ¿Cómo afecta esta situación en la forma en que encaramos la pandemia?5 Las mujeres son mucho más susceptibles de llegar a ser infectadas porque el semen contiene un más alto nivel de vih que los fluidos vaginales, y el área de tejidos vulnerables en la vagina es mucho mayor.

El virus puede entrar en la corriente sanguínea a través de pequeñas heridas en el tejido que suceden durante la  relación sexual. Las llagas genitales crean una entrada  adicional al vih. Las mujeres están, por lo tanto, mucho  más expuestas que los varones a contraer el vih a través de las relaciones sexuales.

Falta de poder en la toma de decisión y dependencia económica

Para muchas mujeres, la dependencia financiera, material, o cultural con respecto al hombre, significa que ellas tienen poco o ningún poder de tomar decisiones con relación a la actividad sexual. Con demasiada frecuencia, las jovencitas y las mujeres son forzadas a tener relaciones sexuales. Sin embargo, ellas no pueden negociar de forma de minimizar los riesgos de ser infectadas, como, por ejemplo, el insistir que los varones usen condones. Las muchas formas de discriminación perpetúan la inequidad de género.

La pobreza abyecta puede compeler a mujeres y jovencitas a cambiar relaciones sexuales por comida u otros favores materiales con el objetivo de asegurar su supervivencia cotidiana. Algunas jovencitas son engañadas por varones adultos (conocidos como proxenetas, rufianes, tratantes, traficantes), quienes ofrecen atractivas opciones, incluyendo ayuda financiera para sus familias, a cambio de favores sexuales. La doble carga de las mujeres se intensifica cuando la familia esta viviendo con y siendo afectada por el vih y sida, porque se espera que ella contribuya al sostén del hogar, mientras que al mismo tiempo batalla con su propia infección.

Silencio sobre la sexualidad

Las normas sociales imponen una peligrosa ignorancia sobre las niñas y las jovencitas, de las cuales se espera que tengan pocos conocimientos con relación al sexo y la sexualidad. En muchas sociedades, "las buenas chicas” no ponen de manifiesto sus conocimientos sobre el sexo, o no deberían hacerlo. Esta falta de conocimiento incrementa en gran manera el riesgo de ellas a la infección del vih ya que las mujeres jóvenes no conocen la forma de protegerse a sí mismas contra la posibilidad de contraer el vih.

Falta de educación

En muchas áreas donde el vih y el sida son prevalentes, las mujeres y las jovencitas tienen oportunidades educativas significativamente mucho mas bajas que los hombres y muchachos. El completar estudios en escuelas secundarias promueve el poder social de las mujeres, sus oportunidades de empleo, la autoestima, y reduce el riesgo de infección. Con la educación llega el incremento de capacidades y conocimientos, un mayor porcentaje de uso de condones, y una mejor comunicación en la pareja con el objetivo de prevenir el vih.

La violencia fundamentada en el género

La violencia ejercida en contra de las mujeres y las niñas es uno de los factores más importantes que contribuyen al incremento de la tasa de infección en este grupo. Esto incluye crímenes viciosos tales como la violación y otras formas de violencia física, así como practicas culturales tradiciones dañinas tales como la mutilación genital femenina. Gran parte de esto ocurre dentro de las familias. La siguiente definición abarcadora realizada por las Naciones Unidas se refiere, no solamente a formas personales directas de violencia, sino también a los sistemas y las estructuras que en forma encubierta perpetúan la violencia.

El término “violencia contra las mujeres” significa todo acto de violencia fundamentado en el género que tiene como resultado, o que es muy posible que de como resultado, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, incluyendo la amenaza de tales actos, coerción o privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida publica o privada.6

Cuando las mujeres y las niñas son violadas, corren un alto riesgo de ser infectadas a causa de lastimaduras en los genitales o en el ano. La violación puede acontecer en el hogar o en su comunidad, bajo custodia policial o en prisión, en situaciones de conflicto o en la guerra. Temor y vergüenza pueden ser los elementos que impiden a las mujeres a buscar información sobre el vih o de poder acceder al test al tratamiento, aun cuando tengan fuertes sospechas de que han sido infectadas.

Para muchas mujeres, el matrimonio en sí mismo ha probado ser una situación de alto riesgo. Las mujeres jóvenes casadas tienen una tasa significativamente alta de infección por vih en comparación con las mujeres solteras de su misma condición sexualmente activas. Esto se debe a que las mujeres casadas están expuestas a un mayor riesgo si sus parejas están infectadas. También se producen frecuentes situaciones cuando las esposas son forzadas por sus maridos infectados por el vih a tener relaciones sexuales. Estos actos sexuales forzados tienen una alta posibilidad de transmitir la infección.

Negación de los derechos de herencia y de propiedad

Las mujeres son más vulnerables a causa de los derechos desiguales de propiedad y herencia,  asimismo como a causa de practicas tales como la dote. Aunque esto varia alrededor del mundo, las desigualdades de genero son llamativamente extensas. Usualmente, los hombres poseen propiedad, y las mujeres solo ocasionalmente adquieren propiedad, mayormente a través del matrimonio.

Al carecer de la aplicación de derechos de posesión o herencia de tierras y propiedad, las mujeres y las jovencitas corren el riesgo de ser desheredadas cuando sus padres o maridos mueren. A su vez, la pobreza y la dependencia económica las deja mas expuestas a la explotación sexual y a la violencia.

Las esposas como herencia

Esta es la práctica por la cual una viuda es tomada como esposa por un familiar cercano de su difunto marido. Ella es “heredada”, a veces por una familia polígama, y puede incluso perder sus hijos. La subsecuente actividad sexual es muchas veces coercitiva e insegura. Si la esposa, o el nuevo marido están ya infectados con vih, esto incrementa el riesgo de transmisión, y de esta manera la propagación del virus.

Mutilación genital femenina

A través del uso múltiple de navajas sin esterilizar, cuchillos y agujas para cortar el clítoris y las áreas cercanas a la vagina, esta práctica coloca a las mujeres y las jovencitas en un mayor riesgo de infección por vih. La cicatriz que se forma hace que los genitales tiendan a supurar durante la relación sexual, incrementando la posibilidad de la transmisión sexual del virus desde un compañero sexual varón vih positivo. A causa de que la relación sexual se torna más difícil para la mujer, ella puede resistirse a los avances del varón, el cual puede tornarse más agresivo durante el acto sexual, colocándola por lo tanto en un riesgo aun mayor de ser infectada.

Mitos y prácticas falsos y peligrosos

En algunos círculos, prevalece el mito de que el tener sexo con una virgen curará un varón de vih y sida. Algunos hombres también sienten que tener sexo con jovencitas es algo seguro, asumiendo que ellas tienen menos probabilidades de estar infectadas por el vih. Esto ha resultado en muchas jovencitas y niñas hayan sido infectadas. En algunas partes del mundo, la practica del “sexo seco” (ver capítulo 1) también contribuye a la propagación de la infección.

Falta de acceso a tratamientos

Generalmente, los varones tienden a tener un mejor acceso al cuidado y tratamiento para el vih y sida. El acceso al tratamiento voluntario y al test aun hoy nos presenta desafíos significativos tanto para las jovencitas como para las mujeres, en especial en aquellas que no frecuentan servicios de salud reproductiva, en contraste con lo que ocurre con los varones, ya que son más reacios que las mujeres a utilizar los servicios públicos de salud. En la medida que los programas de acceso a tratamientos se expanden, existe una creciente preocupación de que las mujeres puedan perder estas oportunidades, debido al su temor de que si se descubre que son vih positivas y sus parejas toman conocimiento de esto, ellas podrían sufrir mayores abusos.

Los obstáculos que impiden a las mujeres el acceso a los tratamientos y a la asistencia deben ser identificados y superados. Una parte de la respuesta se relaciona con el fortalecimiento de los servicios primarios de salud sexual y reproductiva y proveer una mayor cantidad de lugares de acceso a tratamientos y cuidados para las mujeres a través de probados sistemas de derivación. Al integrar los servicios de tratamiento de enfermedades de transmisión sexual con los servicios de atención primaria en salud y de planificación familiar, se reducirá el temor de las mujeres a la censura social y su acceso a los servicios de tratamiento aumentara. Necesitamos una mayor concertación en los esfuerzos para reducir el estigma relacionado con el vih. A las mujeres menores de 18 años no se les debe poner obstáculos al asesoramiento voluntario, al acceso al test y al tratamiento porque no tiene el consentimiento de sus tutores o una adecuada identificación.

Embarazo y vih y sida

Una mujer vih positiva puede transmitir el vih a su bebe si no se ponen en práctica las intervenciones discutidas en el capítulo 1. Durante el embarazo y el parto una mujer vih positiva en una etapa avanzada de la infección corre el riesgo de complicaciones y necesita un cuidado especial de la salud a causa de su sistema inmunológico debilitado. Algunas mujeres vih positivas son forzadas a poner termino a su embarazo, otras son esterilizadas. Estos procedimientos tienen un serio impacto psicológico sobre las mujeres, marcándolas de por vida. La falta de cuidados previos y posteriores al parto y de cuidados maternales puede dejar a las mujeres exhaustas y en riesgo de contraer infecciones oportunistas. Esta situación también puede afectar a los bebes y a otros miembros de la familia.

Si el bebe es vih positivo, muchas veces, las madres se sienten responsables por ello. Alimentan un sentimiento de culpa que también puede estar presente en los varones, quienes una vez infectados por el vih, solo pueden considerar el tener un bebe a riesgo de infectar a la madre, al igual que al niño o niña que pueden nacer con vih. Las presiones que se ejercen sobre los varones para que den pruebas de su masculinidad, o sobre las mujeres para probar su dignidad teniendo hijos o hijas, son algunos de los componentes que promueven la expansión del vih y sida.

Las mujeres como cuidadoras

A través del todo el mundo, las mujeres son las principales cuidadoras. El vih y sida han incrementado significativamente esta carga de cuidados. En los países mas golpeados, hasta el 90% de los cuidados de las personas que viven con y son afectados por el vih y sida tiene lugar en el hogar (ver capitulo 5). La gran mayoría de mujeres y jovencitas que llevan adelante este trabajo reciben poco o ningún apoyo material o moral. No reciben entrenamiento, o los recursos necesarios, y usualmente no tienen medios para pagar por el cuidado y la educación de sus hijos. Las cargas combinadas –físicas y emocionales- del cuidado de los miembros de la familia enfermos, y de otros (como los huérfanos), y de proveer suficiente comida, medicinas e ingresos, inevitablemente fuerzan a las mujeres a relegar su propia salud y su bienestar.

Dado que más y más mujeres que viven con y son afectadas por el vih y sida están trabajando fuera de la casa para proveer para sus familias, los deberes de cuidadoras están cambiando hacia las mujeres más grandes y hacia las más jovencitas. En una escala sin precedentes, las mujeres de mayor edad están asumiendo la responsabilidad no solo por sus hijos y sus nietos, sino también por otros niños huérfanos a causa del sida. Además, el vih y sida frecuentemente tienen como resultado que las niñas abandonen la escuela para proporcionar cuidados y ayudar a compensar la perdida del ingreso familiar, de esta manera aumentando sus riesgos de explotación sexual e infección por el vih.

Entorno de trabajo inseguro

Cierto tipo de situaciones de trabajo puede incrementar el riesgo de infección por vih. Estos incluyen: mujeres que se desplazan a causa de su trabajo, o emigran para conseguirlo, esposas de inmigrantes, o trabajadores que viajan, mujeres que son minoría en el lugar de trabajo, trabajadoras domesticas (especialmente aquellas que viven en su lugar de trabajo), y trabajadoras sexuales. La falta de equilibrio de poder en sus lugares de trabajo también expone a las mujeres a la amenaza del acoso sexual.

Sexualidad

La sexualidad humana fue creada con los propósitos de expresar amor y generar vida, para la compañía mutua y el placer. Dios nos creo como seres sexuales, y aclaro que esto era bueno (Gen 1:27,31; ver también Cantar de los Cantares). Aun así, también la sexualidad ha sido ensuciada por el pecado, que nos separa de Dios y de los otros. Esto resulta en expresiones de la sexualidad que dañan a las personas y a las comunidades. A través de la sexualidad, los seres humanos pueden experimentar un gozo profundo, intencionalidad y unidad, y también un dolor profundo.

Los seres humanos nos volvemos más accesibles y vulnerables a través de la actividad sexual, y al darnos completamente a otra persona. La fidelidad al compañero o compañera, sexual es importante para permitir que esta intimidad dada libremente pueda florecer. Dios, quien nos ama, espera que la sexualidad sirva a los propósitos del amor humano y el compartir. Esta es la razón por la cual es crucial que las relaciones sexuales expresen amor mutuo, cuidado e intimidad, en lugar de explotación, daño, violación o el infectar a otra persona. El amor es expresado al honrar la dignidad y la seguridad del otro o la otra. En este sentido, “hacer el amor” es muy diferente a simplemente “tener sexo”.

Lo que más importa es la calidad de la relación dentro de la cual la expresión sexual ocurre, y si es que el acto sexual construye y realza, o daña y destruye a los demás. Las relaciones sexuales deberían ser cariñosas y amorosas, que promuevan la realización personal y social. La sexualidad fácilmente puede ser mal usada para la satisfacción personal a expensas del otro o de la otra, o para demostrar poder y control sobre la otra persona.

Obligar a una persona a tener actividad sexual contra su voluntad es erróneo. Esto puede ocurrir dentro del matrimonio, y asimismo con otros miembros vulnerables de la familia; puede ocurrir entre personas del mismo sexo y también en relaciones heterosexuales.

Es necesario ir mas allá de las perogrulladas idealistas asociadas con ciertos ideales culturales de la sexualidad y concentrarse en los efectos reales en las personas y familias... las actitudes y practicas deben desafiarse cuando ellas dañan o manipulan los cuerpos en busca de aceptación dentro de una cultura, o excluyen a algunos de una participación plena en la iglesia.7

Las mujeres no deben ser vistas como propiedad del hombre, o como objetos sexuales que pueden ser usados como desea el hombre. Hombres y muchachos necesitan ser desafiados para comprender la relación entre las presuposiciones masculinas y el comportamiento, y la propagación del vih y sida, aceptar la responsabilidad que esto conlleva, y ser alentados a hacer todo lo que este a su alcance para prevenir la propagación del vih y sida, y cuidar de quienes están afectados. No esta bien que un hombre que sabe que él esta infectado con vih presione a su compañero/a sexual (sea esta su pareja estable o no) a tener sexo sin protección con él. Esto es aun más complicado cuando la mujer es mantenida como subordinada, incapaz de desafiar el poder dominante del hombre quien se rehúsa a usar un condón para protegerla de ser infectada.

Hablar con la verdad sobre las prácticas sexuales

En muchas culturas, hombres y mujeres normalmente no hablan sobre las prácticas sexuales. Se presupone que las personas se abstendrán de la actividad sexual prematrimonial, y que serán fieles a sus cónyuges una vez que estén casados. Sin embargo, este no siempre es el caso. El silencio debe ser roto, y la verdad debe ser dicha sobre lo que verdaderamente esta ocurriendo.

 

Al leer el siguiente informe de un contexto africano, piense en las practicas culturales en su propio lugar de residencia que necesitan ser traídas a luz.

“Los hombres tienden a tener mas compañeras sexuales que las mujeres, y más usualmente no usan condones en forma consistente. ¿Porque actúan de esta manera? Muchos hombres y mujeres piensan que es natural que los hombres tengan mas compañeras, o que el impulso sexual del hombre es tan fuerte que no puede ser controlado. De esta manera los jóvenes crecen con la expectativa de que ellos tienen un “derecho” de tener sexo siempre que lo desean, y algunas jovencitas crecen con el sentir de que es su deber satisfacer a los hombres. Las mujeres que quieren protegerse usualmente sienten que no pueden sacar el tema a la discusión con sus compañeros. Una terrible carga es impuesta en los hombres por los roles de genero que equiparan la masculinidad con las proezas sexuales, compañeras sexuales múltiples, agresividad física y dominación sobre las mujeres, una disposición a involucrarse en conductas de alto riesgo. Si los hombres pudieran ser alentados a comprometerse de una manera que este de acuerdo a la Escritura, y que pueda reducir su propio riesgo de transmisión de vih, entonces ellos emergerán más fuertes, no mas estigmatizados como conductores de la pandemia, sino vistos como compañeros, como co-liderando en la búsqueda de la solución.

Las estrategias actuales de prevención de vih/sida promueven la monogamia, la fidelidad y el uso del condón... [pero] como estas estrategias han fallado en indicar los conceptos básicos de masculinidad y las practicas sexuales de alto riesgo –aún violentas-, han probado ser insuficientes, y hasta dañinas... una estrategia efectiva tomara en serio las cuestiones de genero.”8

O considere esta perspectiva desde un contexto Nórdico:

“La sexualidad expresa el ser más interior de una persona... en el Norte, hemos encontrado el sida en un momento donde esta experiencia de sexualidad esta de muchas maneras fragmentada y quebrada. La sexualidad se ha vuelto una mercadería entre muchas otras, y comerciamos con los cuerpos en las más extrañas maneras, con símbolos y rituales mas y más elaborados... La sexualidad se ha vuelto un medio a través del cual esperamos encontrar lo que estamos buscando: la seguridad de que somos amados, que somos mas que la indignidad que podemos sentir que invade nuestra alma...

El sida toca las cuerdas de nuestro subconsciente mas profundo: el temor a la aniquilación, el temor a la sexualidad... el temor de ser humillados por una enfermedad que nos deja impotentes y fuera de control.”9

 

Recursos para este capítulo

 

Bala Nath, M., Gender, HIV and Human Rights: A Training Manual (United Nations Development Fund for Women, The Joint United Nations Programme on HIV / AIDS, and United Nations Population Fund, 2000), en WWW.GENDERANDAIDS.ORG/MODULES.PHP?NAME =NEWS&FILE =ARTICLE & SID =120 

 

de Bruyn, M., H. Jackson, M. Wijermars, V. Curtin Knight and R. Berkvens, Facing the Challenges of HIV/AIDS/STDs: A Gender-based Response (The Royal Tropical Institute, The Netherlands; Southern Africa AIDS Informa­tion Dissemination Service, Zimbabwe; World Health Organization, 1966), at WWW.DATA.UNAIDS.ORGITOPIcs/GENDERIFACINGC~LLENGES - EN.PDF

 

Center for Development and Population Activities (CEDPA), Faith Community Responses to HIV/AIDS: Integrating Reproductive Health and HIV/AIDSfor NGOs, FBOs & CBOs, vol. 11 (CEDPA, 2003), en

 www.CEDPA.ORG/cONTENT/pUBLlCATION/DETAIL/697

 

JHPIEGO Corporation, US Department ofHealth and Human Services and USAID, ReproLearn: Care of Women with HIV Living in Limited Resource Settings (2001), at WWW.REPROLINE.JIIU.EDUIENGLlSHl6READ/6ISSUES/6JTNIv4/TNlllTUTORIALS.HTM

 

Training Manual for the Media: Gender, HIV/AIDS and Rights (Inter-Press Service [IPS], 2003), en  WWW.IPSNEWS.NET/AIDS - 2002IIpSGENDER2003.PDF

 

UNAIDS, Operational Guide on Gender, HIV and AIDS: A Rights Based Ap­proach (2005), at WWW.GENDERANDAIDS.ORG

 


 



5              Ver www.who.int/mediacentre/news/releases/2004/pr_unaids/en/print.html

6              The United Nations Fourth World Conference on Women, Platform for Action (Beijing, September 1995), paragr. 113 at www.un.org/womenwatch/daw/beijing/platform/violence.htm

7              Karen L. Bloomquist, “Embodiment Contextualizes Sexual Ethics” in Karen L. Bloomquist (ed.), Lutheran Ethics and the intersections of God´s one world, LWF Studies, 02/2005 (Geneva: The Lutheran World Federation, 2005), p. 84.

8              Japhet Ndhlovu, “Patriarchal Sins”, in op. cit. (note 1), pp. 15-19

 

9              Elizabeth Knox-Seth, “Sexuality and Death”, in op. cit. (note 1), p. 25.