CAPÍTULO
2
GÉNERO,
SEXUALIDAD Y HABLAR CON LA VERDAD
En
la pandemia del vih y sida, las convicciones con fundamento
en la fe y que toman en consideración la equidad fundamental
de mujeres y hombres, la bondad de la sexualidad humana
y la obligación de hablar con la verdad han sido violadas.
Esto ha tenido un efecto devastador. El riesgo y la carga
recaen en forma desproporcionada sobre mujeres y niñas,
y el silencio con relación a la actividad sexual conduce
a la muerte más que a la vida.
Mujeres,
niñas y el vih y el sida
En
muchas regiones del mundo, más mujeres y niñas adolescentes
están infectadas por el vih y sida que los hombres y los
muchachos.
La tasa de infección entre las mujeres y las jovencitas
esta creciendo en forma alarmante. ¿Porque ocurre esto?
¿Cómo afecta esta situación en la forma en que encaramos
la pandemia?5 Las mujeres son mucho más susceptibles
de llegar a ser infectadas porque el semen contiene un más
alto nivel de vih que los fluidos vaginales, y el área de
tejidos vulnerables en la vagina es mucho mayor.
El
virus puede entrar en la corriente sanguínea a través de
pequeñas heridas en el tejido que suceden durante la relación
sexual. Las llagas genitales crean una entrada adicional
al vih. Las mujeres están, por lo tanto, mucho más expuestas
que los varones a contraer el vih a través de
las relaciones sexuales.
Falta
de poder en la toma de decisión y dependencia económica
Para
muchas mujeres, la dependencia financiera, material, o cultural
con respecto al hombre, significa que ellas tienen poco
o ningún poder de tomar decisiones con relación a la actividad
sexual. Con demasiada frecuencia, las jovencitas y las mujeres
son forzadas a tener relaciones sexuales. Sin embargo, ellas
no pueden negociar de forma de minimizar los riesgos de
ser infectadas, como, por ejemplo, el insistir que los varones
usen condones. Las muchas formas de discriminación perpetúan
la inequidad de género.
La
pobreza abyecta puede compeler a mujeres y jovencitas a
cambiar relaciones sexuales por comida u otros favores materiales
con el objetivo de asegurar su supervivencia cotidiana.
Algunas jovencitas son engañadas por varones adultos (conocidos
como proxenetas, rufianes, tratantes, traficantes), quienes
ofrecen atractivas opciones, incluyendo ayuda financiera
para sus familias, a cambio de favores sexuales. La doble
carga de las mujeres se intensifica cuando la familia esta
viviendo con y siendo afectada por el vih y sida, porque
se espera que ella contribuya al sostén del hogar, mientras
que al mismo tiempo batalla con su propia infección.
Silencio
sobre la sexualidad
Las
normas sociales imponen una peligrosa ignorancia sobre las
niñas y las jovencitas, de las cuales se espera que tengan
pocos conocimientos con relación al sexo y la sexualidad.
En muchas sociedades, "las buenas chicas” no ponen
de manifiesto sus conocimientos sobre el sexo, o no deberían
hacerlo. Esta falta de conocimiento incrementa en gran manera
el riesgo de ellas a la infección del vih ya que las mujeres
jóvenes no conocen la forma de protegerse a sí mismas contra
la posibilidad de contraer el vih.
Falta
de educación
En
muchas áreas donde el vih y el sida son prevalentes, las
mujeres y las jovencitas tienen oportunidades educativas
significativamente mucho mas bajas que los hombres y muchachos.
El completar estudios en escuelas secundarias promueve el
poder social de las mujeres, sus oportunidades de empleo,
la autoestima, y reduce el riesgo de infección. Con la educación
llega el incremento de capacidades y conocimientos, un mayor
porcentaje de uso de condones, y una mejor comunicación
en la pareja con el objetivo de prevenir el vih.
La
violencia fundamentada en el género
La
violencia ejercida en contra de las mujeres y las niñas
es uno de los factores más importantes que contribuyen al
incremento de la tasa de infección en este grupo. Esto incluye
crímenes viciosos tales como la violación y otras formas
de violencia física, así como practicas culturales tradiciones
dañinas tales como la mutilación genital femenina. Gran
parte de esto ocurre dentro de las familias. La siguiente
definición abarcadora realizada por las Naciones Unidas
se refiere, no solamente a formas personales directas de
violencia, sino también a los sistemas y las estructuras
que en forma encubierta perpetúan la violencia.
El
término “violencia contra las mujeres” significa todo acto
de violencia fundamentado en el género que tiene como resultado,
o que es muy posible que de como resultado, daño o sufrimiento
físico, sexual o psicológico para las mujeres, incluyendo
la amenaza de tales actos, coerción o privación arbitraria
de la libertad, ya sea que ocurra en la vida publica o privada.6
Cuando
las mujeres y las niñas son violadas, corren un alto riesgo
de ser infectadas a causa de lastimaduras en los genitales
o en el ano. La violación puede acontecer en el hogar o
en su comunidad, bajo custodia policial o en prisión, en
situaciones de conflicto o en la guerra. Temor y vergüenza
pueden ser los elementos que impiden a las mujeres a buscar
información sobre el vih o de poder acceder al test al tratamiento,
aun cuando tengan fuertes sospechas de que han sido infectadas.
Para
muchas mujeres, el matrimonio en sí mismo ha probado ser
una situación de alto riesgo. Las mujeres jóvenes casadas
tienen una tasa significativamente alta de infección por
vih en comparación con las mujeres solteras de su misma
condición sexualmente activas. Esto se debe a que las mujeres
casadas están expuestas a un mayor riesgo si sus parejas
están infectadas. También se producen frecuentes situaciones
cuando las esposas son forzadas por sus maridos infectados
por el vih a tener relaciones sexuales. Estos actos sexuales
forzados tienen una alta posibilidad de transmitir la infección.
Negación
de los derechos de herencia y de propiedad
Las
mujeres son más vulnerables a causa de los derechos desiguales
de propiedad y herencia, asimismo como a causa de practicas
tales como la dote. Aunque esto varia alrededor del mundo,
las desigualdades de genero son llamativamente extensas.
Usualmente, los hombres poseen propiedad, y las mujeres
solo ocasionalmente adquieren propiedad, mayormente a través
del matrimonio.
Al carecer de la aplicación de derechos
de posesión o herencia de tierras y propiedad, las mujeres
y las jovencitas corren el riesgo de ser desheredadas cuando
sus padres o maridos mueren. A su vez, la pobreza y la dependencia
económica las deja mas expuestas a la explotación sexual
y a la violencia.
Las
esposas como herencia
Esta
es la práctica por la cual una viuda es tomada como esposa
por un familiar cercano de su difunto marido. Ella es “heredada”,
a veces por una familia polígama, y puede incluso perder
sus hijos. La subsecuente actividad sexual es muchas veces
coercitiva e insegura. Si la esposa, o el nuevo marido están
ya infectados con vih, esto incrementa el riesgo de transmisión,
y de esta manera la propagación del virus.
Mutilación
genital femenina
A
través del uso múltiple de navajas sin esterilizar, cuchillos
y agujas para cortar el clítoris y las áreas cercanas a
la vagina, esta práctica coloca a las mujeres y las jovencitas
en un mayor riesgo de infección por vih. La cicatriz que
se forma hace que los genitales tiendan a supurar durante
la relación sexual, incrementando la posibilidad de la transmisión
sexual del virus desde un compañero sexual varón vih positivo.
A causa de que la relación sexual se torna más difícil para
la mujer, ella puede resistirse a los avances del varón,
el cual puede tornarse más agresivo durante el acto sexual,
colocándola por lo tanto en un riesgo aun mayor de ser infectada.
Mitos
y prácticas falsos y peligrosos
En
algunos círculos, prevalece el mito de que el tener sexo
con una virgen curará un varón de vih y sida. Algunos hombres
también sienten que tener sexo con jovencitas es algo seguro,
asumiendo que ellas tienen menos probabilidades de estar
infectadas por el vih. Esto ha resultado en muchas jovencitas
y niñas hayan sido infectadas. En algunas partes del mundo,
la practica del “sexo seco” (ver capítulo 1) también contribuye
a la propagación de la infección.
Falta
de acceso a tratamientos
Generalmente,
los varones tienden a tener un mejor acceso al cuidado y
tratamiento para el vih y sida. El acceso al tratamiento
voluntario y al test aun hoy nos presenta desafíos significativos
tanto para las jovencitas como para las mujeres, en especial
en aquellas que no frecuentan servicios de salud reproductiva,
en contraste con lo que ocurre con los varones, ya que son
más reacios que las mujeres a utilizar los servicios públicos
de salud. En la medida que los programas de acceso a tratamientos
se expanden, existe una creciente preocupación de que las
mujeres puedan perder estas oportunidades, debido al su
temor de que si se descubre que son vih positivas y sus
parejas toman conocimiento de esto, ellas podrían sufrir
mayores abusos.
Los
obstáculos que impiden a las mujeres el acceso a los tratamientos
y a la asistencia deben ser identificados y superados. Una
parte de la respuesta se relaciona con el fortalecimiento
de los servicios primarios de salud sexual y reproductiva
y proveer una mayor cantidad de lugares de acceso a tratamientos
y cuidados para las mujeres a través de probados sistemas
de derivación. Al integrar los servicios de tratamiento
de enfermedades de transmisión sexual con los servicios
de atención primaria en salud y de planificación familiar,
se reducirá el temor de las mujeres a la censura social
y su acceso a los servicios de tratamiento aumentara. Necesitamos
una mayor concertación en los esfuerzos para reducir el
estigma relacionado con el vih. A las mujeres menores de
18 años no se les debe poner obstáculos al asesoramiento
voluntario, al acceso al test y al tratamiento porque no
tiene el consentimiento de sus tutores o una adecuada identificación.
Embarazo
y vih y sida
Una
mujer vih positiva puede transmitir el vih a su bebe si
no se ponen en práctica las intervenciones discutidas en
el capítulo 1. Durante el embarazo y el parto una mujer
vih positiva en una etapa avanzada de la infección corre
el riesgo de complicaciones y necesita un cuidado especial
de la salud a causa de su sistema inmunológico debilitado.
Algunas mujeres vih positivas son forzadas a poner termino
a su embarazo, otras son esterilizadas. Estos procedimientos
tienen un serio impacto psicológico sobre las mujeres, marcándolas
de por vida. La falta de cuidados previos y posteriores
al parto y de cuidados maternales puede dejar a las mujeres
exhaustas y en riesgo de contraer infecciones oportunistas.
Esta situación también puede afectar a los bebes y a otros
miembros de la familia.
Si
el bebe es vih positivo, muchas veces, las madres se sienten
responsables por ello. Alimentan un sentimiento de culpa
que también puede estar presente en los varones, quienes
una vez infectados por el vih, solo pueden considerar el
tener un bebe a riesgo de infectar a la madre, al igual
que al niño o niña que pueden nacer con vih. Las presiones
que se ejercen sobre los varones para que den pruebas de
su masculinidad, o sobre las mujeres para probar su dignidad
teniendo hijos o hijas, son algunos de los componentes que
promueven la expansión del vih y sida.
Las
mujeres como cuidadoras
A
través del todo el mundo, las mujeres son las principales
cuidadoras. El vih y sida han incrementado significativamente
esta carga de cuidados. En los países mas golpeados, hasta
el 90% de los cuidados de las personas que viven con y son
afectados por el vih y sida tiene lugar en el hogar (ver
capitulo 5). La gran mayoría de mujeres y jovencitas que
llevan adelante este trabajo reciben poco o ningún apoyo
material o moral. No reciben entrenamiento, o los recursos
necesarios, y usualmente no tienen medios para pagar por
el cuidado y la educación de sus hijos. Las cargas combinadas
–físicas y emocionales- del cuidado de los miembros de la
familia enfermos, y de otros (como los huérfanos), y de
proveer suficiente comida, medicinas e ingresos, inevitablemente
fuerzan a las mujeres a relegar su propia salud y su bienestar.
Dado
que más y más mujeres que viven con y son afectadas por
el vih y sida están trabajando fuera de la casa para proveer
para sus familias, los deberes de cuidadoras están cambiando
hacia las mujeres más grandes y hacia las más jovencitas.
En una escala sin precedentes, las mujeres de mayor edad
están asumiendo la responsabilidad no solo por sus hijos
y sus nietos, sino también por otros niños huérfanos a causa
del sida. Además, el vih y sida frecuentemente tienen como
resultado que las niñas abandonen la escuela para proporcionar
cuidados y ayudar a compensar la perdida del ingreso familiar,
de esta manera aumentando sus riesgos de explotación sexual
e infección por el vih.
Entorno
de trabajo inseguro
Cierto
tipo de situaciones de trabajo puede incrementar el riesgo
de infección por vih. Estos incluyen: mujeres que se desplazan
a causa de su trabajo, o emigran para conseguirlo, esposas
de inmigrantes, o trabajadores que viajan, mujeres que son
minoría en el lugar de trabajo, trabajadoras domesticas
(especialmente aquellas que viven en su lugar de trabajo),
y trabajadoras sexuales. La falta de equilibrio de poder
en sus lugares de trabajo también expone a las mujeres a
la amenaza del acoso sexual.
Sexualidad
La
sexualidad humana fue creada con los propósitos de expresar
amor y generar vida, para la compañía mutua y el placer.
Dios nos creo como seres sexuales, y aclaro que
esto
era bueno (Gen 1:27,31; ver también Cantar de los Cantares).
Aun así, también la sexualidad ha sido ensuciada por el
pecado, que nos separa de Dios y de los otros. Esto resulta
en expresiones de la sexualidad que dañan a las personas
y a las comunidades. A través de la sexualidad, los seres
humanos pueden experimentar un gozo profundo, intencionalidad
y unidad, y también un dolor profundo.
Los
seres humanos nos volvemos más accesibles y vulnerables
a través de la actividad sexual, y al darnos completamente
a otra persona. La fidelidad al compañero o compañera, sexual
es importante para permitir que esta intimidad dada libremente
pueda florecer. Dios, quien nos ama, espera que la sexualidad
sirva a los propósitos del amor humano y el compartir. Esta
es la razón por la cual es crucial que las relaciones sexuales
expresen amor mutuo, cuidado e intimidad, en lugar de explotación,
daño, violación o el infectar a otra persona. El amor es
expresado al honrar la dignidad y la seguridad del otro
o la otra. En este sentido, “hacer el amor” es muy diferente
a simplemente “tener sexo”.
Lo
que más importa es la calidad de la relación dentro de la
cual la expresión sexual ocurre, y si es que el acto sexual
construye y realza, o daña y destruye a los demás. Las relaciones
sexuales deberían ser cariñosas y amorosas, que promuevan
la realización personal y social. La sexualidad fácilmente
puede ser mal usada para la satisfacción personal a expensas
del otro o de la otra, o para demostrar poder y control
sobre la otra persona.
Obligar
a una persona a tener actividad sexual contra su voluntad
es erróneo. Esto puede ocurrir dentro del matrimonio, y
asimismo con otros miembros vulnerables de la familia; puede
ocurrir entre personas del mismo sexo y también en relaciones
heterosexuales.
Es
necesario ir mas allá de las perogrulladas idealistas asociadas
con ciertos ideales culturales de la sexualidad y concentrarse
en los efectos reales en las personas y familias... las
actitudes y practicas deben desafiarse cuando ellas dañan
o manipulan los cuerpos en busca de aceptación dentro de
una cultura, o excluyen a algunos de una participación plena
en la iglesia.7
Las
mujeres no deben ser vistas como propiedad del hombre, o
como objetos sexuales que pueden ser usados como desea el
hombre. Hombres y muchachos necesitan ser desafiados para
comprender la relación entre las presuposiciones masculinas
y el comportamiento, y la propagación del vih y sida, aceptar
la responsabilidad que esto conlleva, y ser alentados a
hacer todo lo que este a su alcance para prevenir la propagación
del vih y sida, y cuidar de quienes están afectados. No
esta bien que un hombre que sabe que él esta infectado con
vih presione a su compañero/a sexual (sea esta su pareja
estable o no) a tener sexo sin protección con él. Esto es
aun más complicado cuando la mujer es mantenida como subordinada,
incapaz de desafiar el poder dominante del hombre quien
se rehúsa a usar un condón para protegerla de ser infectada.
Hablar
con la verdad sobre las prácticas sexuales
En
muchas culturas, hombres y mujeres normalmente no hablan
sobre las prácticas sexuales. Se presupone que las personas
se abstendrán de la actividad sexual prematrimonial, y que
serán fieles a sus cónyuges una vez que estén casados. Sin
embargo, este no siempre es el caso. El silencio debe ser
roto, y la verdad debe ser dicha sobre lo que verdaderamente
esta ocurriendo.
Al
leer el siguiente informe de un contexto africano, piense
en las practicas culturales en su propio lugar de residencia
que necesitan ser traídas a luz.
“Los hombres tienden a tener mas compañeras sexuales que
las mujeres, y más usualmente no usan condones en forma
consistente. ¿Porque actúan de esta manera? Muchos hombres
y mujeres piensan que es
natural
que los hombres tengan mas compañeras, o que el impulso
sexual del hombre es tan fuerte que no puede ser controlado.
De esta manera los jóvenes crecen con la expectativa de
que ellos tienen un “derecho” de tener sexo siempre que
lo desean, y algunas jovencitas crecen con el sentir de
que es su deber satisfacer a los hombres. Las mujeres que
quieren protegerse usualmente sienten que no pueden sacar
el tema a la discusión con sus compañeros. Una terrible
carga es impuesta en los hombres por los roles de genero
que equiparan la masculinidad con las proezas sexuales,
compañeras sexuales múltiples, agresividad física y dominación
sobre las mujeres, una disposición a involucrarse en conductas
de alto riesgo. Si los hombres pudieran ser alentados a
comprometerse de una manera que este de acuerdo a la Escritura,
y que pueda reducir su propio riesgo de transmisión de vih,
entonces ellos emergerán más fuertes, no mas estigmatizados
como conductores de la pandemia, sino vistos como compañeros,
como co-liderando en la búsqueda de la solución.
Las
estrategias actuales de prevención de vih/sida promueven
la monogamia, la fidelidad y el uso del condón... [pero]
como estas estrategias han fallado en indicar los conceptos
básicos de masculinidad y las practicas sexuales de alto
riesgo –aún violentas-, han probado ser insuficientes, y
hasta dañinas... una estrategia efectiva tomara en serio
las cuestiones de genero.”8
O
considere esta perspectiva desde un contexto Nórdico: