CAPÍTULO
4
EL
MINISTERIO DEL CUIDADO Y ASESORAMIENTO
Los
cristianos, asimismo como las otras comunidades de fe, son llamados
a llevar las cargas los unos de los otros a través de su presencia
de cuidados. Este ministerio del cuidado y asesoramiento incluye:
-
La
proclamación del evangelio de esperanza, de cara a la pandemia
del vih y sida.
-
Manteniendo
la dignidad de las personas que viven con y son afectadas
por el vih y sida.
-
La
defensa de los derechos y la solidaridad con las personas
que sufren los efectos del virus.
-
El
alentar, confortar y consolar a aquellos y aquellas que están
llorando por la perdida de sus seres amados.
-
El
acompañamiento de las personas que están en busca de la sanación
y en la búsqueda del sentido de la vida en estas circunstancias
difíciles.
Tales
son las responsabilidades de todos los cristianos bautizados –hombres,
mujeres y jóvenes- y no solo de quienes han sido ordenados, consagrados
o asignados especialmente. En muchas congregaciones, los líderes
laicos han proveído regularmente de cuidados a individuos o familias
en tiempos de enfermedad, problemas o luto, y asimismo han provisto
para las necesidades prácticas de las personas. Algunas veces
incluso han dirigido funerales. Todas estas actividades son parte
del “cuidado pastoral” incluido el cuidado en el hogar, algo importante,
discutido en el capitulo cinco. De cara al vih y sida, la iglesia
es llamada a incrementar y fortalecer estas actividades, y a incluir
a más gente en este ministerio de cuidados.
Muchos
de aquellos
y aquellas que proveen el cuidado espiritual en esta área no están
formalmente entrenados en el cuidado pastoral. Por esta razón,
este capitulo provee material de referencia básico, general, para
asistir a una amplia variedad de personas, para llevar adelante
estas responsabilidades en lugares que varían grandemente.
Cuidado
y asesoramiento en los contextos del vih y sida
Los
términos “cuidado” y “asesoramiento” están interrelacionados y
a veces son usados alternativamente. El ministerio de asesoramiento
se relaciona con la guía espiritual de los individuos en circunstancias
difíciles, circunstancias en lo emocional, lo psicológico, lo
social y lo espiritual. Esto resulta en reacciones emocionales,
psicológicas y sociales que incluyen temor y ansiedad, sentimientos
de soledad y perdida, y preguntas teológicas y espirituales.
El
“cuidado” incluye el tener compasión y confortar a aquellos y
aquellas afligidos, tanto como proporcionar asistencia física.
También puede implicar el consuelo, la reconciliación y la sanación.
Como un aspecto integral de diaconía, también implica perseguir
la justicia y transformar el ambiente social más amplio de aquellos
y aquellas afectados e infectados.
Cualquier
persona puede dar asesoramiento. Lo que lo hace “pastoral” es
que sea hecho desde la perspectiva de la fe en Cristo, confiando
en la guía del Espíritu Santo, el consejero prometido. El aconsejamiento
cristiano se basa en recursos espirituales como textos bíblicos,
oración, canciones, material litúrgico, y el sacramento de la
Santa Comunión para liberar, potenciar y nutrir la integridad
dentro de la iglesia como el cuerpo de Cristo. (Para otros recursos
bíblicos ver apéndice 3.)
En
la base del aconsejamiento están las buenas noticias de Dios actuando
en Cristo, a través del poder del Espíritu Santo, para traer nueva
mida en medio del sufrimiento humano. Es el encuentro de seres
humanos ordinarios, caminando juntos en respeto mutuo, para entender
y clarificar su situación, y para encontrar sanidad en medio del
sufrimiento. Es un viaje sagrado de seres humanos pecaminosos
y débiles, quienes están en busca de respuestas, sanación y restauración.
Jesucristo se nos une en este viaje, y nos revela los secretos
escondidos de Dios. En la convicción de que esta enfermedad es
una plaga para todos, acompañamos a otros seres humanos a través
de las dificultades emocionales y espirituales, la rabia, las
dudas, los temores, y los sentimientos de abandono.
Metas
y objetivos
La meta total de este ministerio es hacer que las buenas noticias
reveladas en Jesucristo sean reales o tangibles. Así, las personas
se vuelven medios de esperanza y fortaleza para los demás, a la
vez que apuntan a Dios como la fuente de ayuda y sanación.
En
la historia de Moisés y los israelitas, el pueblo sufría la plaga
de serpientes venenosas en el desierto. Dios no quito las serpientes,
sino que ordeno a Moisés hacer una serpiente de bronce y colocarla
en un poste para que al mirar a la serpiente no murieran sino
que vivieran (Núm 21:1-8). Similarmente, Jesús fue clavado en
una cruz, el símbolo de la muerte, y allí venció los poderes de
maldad y de sufrimiento y nos ganó la libertad de la muerte para
todos nosotros. Este es el mensaje que el cuidado pastoral proclama
y vive (ver Mt 8:16-17 y Mc 9:25-26). En este sentido, el ministerio
del cuidado es un encuentro humano a través del cual nos encontramos
con el Cristo crucificado y resucitado.
Objetivos
clave para el cuidado espiritual y el asesoramiento en los contextos
de vih y sida:
Qué es
lo que hay que evitar
El ministerio de cuidado y asesoramiento no se trata de decir
a los demás que hacer, dar directivas, o prescribir respuestas.
Las personas que viven con y son afectadas por el vih y sida requieren
respeto, aceptación, confianza y compasión genuina. Estos acercamientos
abren el espacio para que la gente sufriente sea más abierta y
comparta sus historias. Así, ambas personas, la que cuenta su
historia y la que esta escuchando son mas capaces de comprender
la situación.
Al
proporcionar cuidado y asesoramiento, no debemos asumir una postura
de superioridad o autosuficiencia. Los amigos de Job pensaron
que estaban llevando un buen cuidado pastoral al insistir que
Job estaba sufriendo a causa de su pecado. Demandaban que Job
confesara y se arrepintiera (Job 4 y 11). Cuanto mas insistían,
mas Job defendía su inocencia, creando así una distancia entre
si mismo y sus amigos. Sus intenciones eran buenas, pero su acercamiento
era el equivocado.
Las
personas que están sufriendo quizá quieran contar repetidamente
sus historias; esto requiere de paciencia y la habilidad de escuchar.
Ocasionalmente puede ser apropiado compartir experiencias personales
para afirmar las voces de aquellos y aquellas que sufren, pero
la conversación no debe centrarse en tales historias personales.
Siempre que los consejeros sientan la necesidad de ser escuchados,
ellos deberían buscar asistencia de otras personas.
Preparándose
para proporcionar cuidado y aconsejamiento
-
Información
exacta y oportuna: La falta de información correcta sobre
el vih y sida ha llevado a un sufrimiento muchas veces nunca
contado. Por lo tanto es importante revisionar y, si es necesario,
actualizar los hechos médicos de la primera parte de este
manual. Los miembros de la iglesia y los demás en la comunidad
deben continuar educándose unos a otros, sobre las maneras
en que el virus es transmitido, medidas de prevención efectivas,
sobre los temas psicológicos, sociales y teológicos relacionados
a la pandemia, y sobre como responder. También es importante
comprender la situación local a la que se enfrentan las personas
que viven con y son afectadas por el vih y sida, incluyendo
la disponibilidad de atención medica, centros de testeo y
asesoramiento, grupos de contención y redes de personas. También
son relevantes los factores específicos económicos, sociales
y culturales, que pueden complicar el impacto del virus.
-
Confrontando
nuestros propios miedos y dudas: Cualesquiera sean los
miedos persistentes de estar con o entre las personas que
viven con y son afectadas por el vih y sida, deben ser confrontados
de antemano, especialmente aquellos temores que perpetúan
los estigmas y la discriminación.
Cualidades
importantes
-
Aceptación
y calidez: Proporcione un ambiente abierto en donde todos
puedan sentirse aceptados, amados, seguros y libres de contar
sus historias. La transmisión de compasión construye la confianza.
Esto alienta a las personas a hablar libremente sobre los
temas dolorosos de sus vidas, y puede fomentar la sanación,
el perdón, la reconciliación y la restauración.
-
Construya
la confianza: Nutra una relación abierta y confiada para
lograr un dialogo seguro y confidencial. Esto hace que sea
posible para las personas el abrirse, y dejar a los demás
entrar en su historia de vida. Construir una relación de confianza
mutua involucra definir los objetivos de la relación, su proceso,
los límites, y el resultado esperado.
-
Confidencialidad:
El mantener la confidencialidad es un principio básico en
el asesoramiento. Las personas abren sus vidas a los demás,
confiando en que sus historias no van a ser compartidas o
no se tornaran objeto de chismes. Cuando las personas no tienen
la seguridad de que sus preocupaciones quedaran en forma confidencial,
muy probablemente cerraran la puerta de sus vidas. Las excepciones
a esto incluyen las amenazas para la vida de las personas,
el abuso violento, cuando una persona tiene tendencias suicidas,
o esta en peligro. En estos casos, la persona debería ser
informada de la necesidad de traer la cuestión a la atención
de otros para una ayuda adicional.
-
Auto
percepción: Esté al tanto de sus propias fortalezas, debilidades
y limitaciones, y de sus habilidades para manejar su pena
y sus emociones. El ser abierto a aprender y crecer fortalece
la confianza mutua. La calidad del cuidado que proporcionamos
es afectada por nuestros temores personales, nuestros prejuicios,
nuestras suposiciones, el nivel de comodidad con quienes viven
con el virus, y cuan bien informados estamos sobre el virus,
y nuestra comprensión de la fe.
-
Compasión:
El ser compasivo no significa el apesadumbrarse o sentir lastima
por los demás. Implica la presencia amorosa, un sentimiento
profundo de cuidado y la esperanza de que la sanación y la
integridad sucederán. La compasión es la predisposición de
ser un canal de la gracia de Dios mientras nos ubicamos al
lado de la gente que esta dolida. Es expresada a través de
la gentileza, la cordialidad, la aceptación y el amor.
-
Afirme
la dignidad y la valía de todas las personas: En los días
de Jesús, las personas que sufrían de lepra eran consideradas
ritualmente impuras y socialmente parias. Consecuentemente,
cuando Jesús tocaba a quienes eran afectados por la lepra,
el se hacía a si mismo ritualmente impuro. Aun en la actualidad,
las personas que viven con y son afectadas por el vih y sida
son tratadas, algunas veces, como si ellas tuvieran lepra.
En su lugar, como Jesús, necesitamos afirmar la dignidad y
la valía de todas las personas, como amados de Dios.
El estigma
y la discriminación deben ser confrontados.
El estar infectado con vih comúnmente esta asociado con la inmoralidad
sexual, con la actividad sexual comercial, la promiscuidad sexual,
el abuso de drogas intravenosas, y en algunos contextos con la
actividad homosexual, bisexual u otra actividad no heterosexual.
A causa de estas asociaciones, quienes viven con y son afectados
por el vih y sida son estigmatizados, y sujetos a discriminación
o exclusión. Algunos hasta consideran a quienes viven con y son
afectados por el vih y sida como seres castigados por Dios a causa
de su pecado. Cuando el estigma y la discriminación llevan a la
gente a no estrechar la mano a las personas vih positivas, a compartir
la copa de la santa comunión con ellas, esto se vuelve una forma
de apartheid que debe ser confrontada y vigorosamente rechazada.
Los
estigmas relacionados al vih y sida se construyen y refuerzan
los prejuicios y las desigualdades sociales ya existentes, basadas
en el género, la orientación sexual, o la raza. El estigma causa
que algunos grupos sean sub-valuados y que otros se sientan moralmente
superiores. El estigma y la discriminación erosionan los derechos
humanos fundamentales: muchas veces la gente pierde sus trabajos,
o son rechazados por sus familiares y amigos. Las familias, a
veces, culpan a quienes están infectados de traer la vergüenza
y el deshonor a la familia.
Se
crea un clima en el cual las personas se vuelven más temerosas
de ser estigmatizadas y discriminadas, que de la misma enfermedad.
Transformando
el estigma y la discriminación
El
transformar el estigma y la discriminación en cuidado y asesoramiento
es uno de los más grandes desafíos. Las experiencias y la perspectivas
de quienes viven con y son afectados por el vih y sida deben ser
oídas y tenidas en cuenta al contrarrestar el estigma. Solo cuando
la iglesia haya cambiado su actitud en relación a las personas
quienes viven con y son afectadas por el vih y sida, y levante
su voz contra las actitudes discriminatorias, entonces su testimonio
en esta área será creíble.
Cualquier
interpretación y representación de los textos bíblicos que alienten
el estigma y la discriminación deben ser desafiadas y reinterpretadas.
Miremos otra vez a los encuentros de Jesús, y a su aceptación
de las personas quienes eran estigmatizadas y tratadas como impuras
o pecadoras:
-
A
una persona que estaba sufriendo de lepra, y por lo tanto
tratada como un paria, Jesús…“Y extendiendo Jesús la mano,
lo tocó…” (Mat 8:3).
-
A
una mujer samaritana desdeñada, en el pozo, Jesús le dijo:
“Dame de beber.” (Jn 4:7).
-
A
Leví, un recaudador de impuestos, considerado uno de los peores
pecadores, Jesús le dijo: ”Sígueme.” (Mc 2:14).
-
A
una mujer que sufría de desangramiento menstrual, y por lo
tanto considerada ritualmente impura, Jesús le dijo: “Hija,
ten ánimo, tu fe te ha sanado.” (Mt 9:22).
A
la luz de estos ejemplos, la iglesia, como el cuerpo de Cristo
de hoy, debe también abrazar y pararse con los seres humanos que
sufren de cualquier enfermedad. El hablar abiertamente sobre su
daño puede romper el ciclo de estigma y discriminación. Por lo
tanto,
-
Impulse
a las personas a que piensen sobre las formas en que experimentaron
discriminación y estigma, y como se sintieron a raíz de ello.
-
Pídale
a las personas que viven con y son afectadas por el vih y
sida que compartan como el estigma y ladiscriminación han
afectado sus vidas.
-
Pregunte
como han sobrellevado el estigma y la discriminación. ¿Qué
fue útil, y que no?
-
Explore
como el estigma y la discriminación relacionadas con el vih
y sida pueden ser eliminados de la sociedad.
La
importancia de la prueba para el virus
A
causa de su temor de ser estigmatizados, las personas muchas veces
prefieren ignorar su estado real o posible de vih. Esto lleva
a la progresión y la propagación del virus. La gente tiene temor
de hacerse el test, o de descubrir su estado positivo, o de tomar
medidas para proteger a los demás, o de buscar tratamiento. Ellos
también pueden estigmatizarse a si mismos, perder su sentido de
valor propio, maldecirse, o separarse completamente de la comunidad.
Los
individuos y las familias son fuertemente alentados a realizarse
el test, pero no tienen la obligación de revelar su estado a los
demás. Quienes son vih positivos no deberían ser exigidos a anunciar
públicamente que están infectados. Las personas que descubren
que son vih positivos necesitan ser acompañados mientras lidian
con las emociones relacionadas, buscan el tratamiento que necesitan
y toman precauciones para no propagar el virus a los demás.
Uso
de drogas y adicción
El
cuidado espiritual de las personas adictas a las drogas y que
viven con y son afectadas por el vih y sida requiere la comprensión
d
e la dinámica de la adicción, y del dolor experimentado por quienes
luchan con el abuso de drogas. Para algunas personas, el abuso
de drogas puede constituir una manera de resolver luchas personales
relacionadas a temas sociales, familiares o personales. Por lo
tanto es útil el tratar de entrar en su mundo, escuchar sus historias,
y comprender sus perspectivas para poder descubrir un camino a
través del dialogo.
Estilos
de vida sexual
Se
espera de las personas que proporcionan cuidado espiritual y asesoramiento
que sean acogedoras de todos, incluyendo a quienes que viven diferentes
estilos de vida. Una presencia amorosa, una voluntad de acompañar
a las personas y clarificar su situación, y dialogar en búsqueda
de las soluciones posibles, todo esto es crucial. Algunos de los
temas que rodean su estilo de vida quizá también necesite ser
remarcado, pero el ministerio del cuidado y asesoramiento no se
refiere a juzgar a los demás en base a sus estilos de vida. En
lugar de ello, todas las personas han de ser vistas en primer
lugar como hijos de Dios. Así como los heterosexuales, los homosexuales
o los bisexuales son personas de valor sagrado. Ellos se merecen
el mismo servicio de cuidados y asesoramiento en sus luchas de
realización humana, tanto como el cuidado espiritual y emocional
de la comunidad de la iglesia, que nutra las relaciones positivas
con Dios, con los demás y con si mismos.
Las
prácticas culturales necesitan ser redeterminadas
La
cultura es un aspecto de la identidad social y la solidaridad
humana. Sin embargo, puede ser una piedra de tropiezo al responder
a los desafíos del vih y sida, especialmente cuando la cultura
refuerza el estigma y contribuye a la propagación del virus. Algunos
de los factores culturales (ver capitulo dos) incluyen: desigualdad
de genero, violencia sexual, explotación sexual de mujeres y
jovencitas, mutilación genital femenina, compañeros sexuales múltiples
(incluida la poligamia), el sexo como prueba de hombría, y la
creencia –falsa y alarmante- de que las relaciones sexuales con
alguna persona virgen puede curar a quienes están infectados
con el vih. Estas prácticas deben ser desafiadas y confrontadas
por el testimonio de la iglesia del evangelio de la liberación
y la vida abundante para todos.
En
algunas culturas, el hablar sobre temas sexuales es algo tabú.
Os padres tienen dificultades para hablarle a sus hijos sobre
el sexo. De acuerdo a algunas tradiciones, una viuda, de luto
por la perdida de su marido, tiene que ser “limpiada”, lo que
significa que un hermano, u otro pariente cercano del difunto
debe tener sexo con ella. Las costumbres culturales como estas
deben ser desafiadas y reinterpretadas, especialmente en el contexto
del vih y sida.
La
santidad y la dignidad de la vida humana son más importantes que
la preservación de los valores culturales. Es por esta razón que
Cristo sufrió y murió. En la parábola de la oveja perdida (Lc
15:1-10), Jesús nos enseño que una sola vida humana en peligro
es tan importante que Dios dejaría las otras noventa y nueve para
buscar y restaurar a la que esta perdida y en peligro.
Separación
Las personas que viven con y son afectadas por el vih y sida muchas
veces experimentan aislamiento y separación de los demás como
resultado del estigma, los sentimientos de culpa y la condenación
de la iglesia y de la comunidad. Demasiadas veces, quienes viven
con y son afectados por el vih y sida son evitadas a causa del
temor, el prejuicio, o las interpretaciones morales de la enfermedad,
de la misma manera que lo son sus familias, sus parientes y sus
amigos cercanos. La comunidad cristiana, en su totalidad, es responsable
de desafiar actitudes de juicio, y de tirar abajo las paredes
que nos separan a unos de otros (Ef 2:14).
El
sentirse separados de los demás puede llevarles a sentirse separados
de Dios. La iglesia debe extenderse cruzando las paredes del temor
y el juicio moral y llevar el testimonio de la reconciliación
de Cristo. Como escribió San Pablo, “…que Dios estaba en Cristo
reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los
hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la
palabra de la reconciliación.” (2 Cor 5:19)
Vergüenza
y culpa
Las
personas pueden culparse a si mismas por haber sido infectadas,
o atribuir su sufrimiento al castigo divino. Luego esto es compuesto
por las actitudes de juicio en la iglesia y en la sociedad. Consecuentemente,
las personas que viven con y son afectadas por el vih y sida pueden
ser atormentadas o atormentarse a si mismos con sentimientos de
culpa y maldición.
Aquí
es crucial el evangelio de la gracia de Dios. Las personas que
se sienten culpables o responsables de haberse infectado necesitan
escuchar y experimentar la misericordia y el perdón de Dios. Esto
se encuentra en el centro del cuidado espiritual, el ofrecer liberación
de la vergüenza y la culpa, y la promesa de una nueva vida en
Cristo.
Esto
no significa ignorar las batallas espirituales mas profundas de
la persona. Reconocer y hablar sobre la fuente de la vergüenza
y la culpa realzara el significado del perdón. De otra manera,
la gracia seria aplicada como un bálsamo sobre la herida sin haberla
primero limpiado, o tomado en cuenta su profundidad.
¿Por
qué me ha sucedido esto?
La
angustia emocional y espiritual puede causar que las personas
que viven con y son afectadas por el vih y sida se pregunten “¿Mi
estado vih positivo es el resultado de mi pecado y del castigo
de Dios?” o “¿Qué hice?”. No existen respuestas fáciles a estas
preguntas. La historia bíblica de Job nos demuestra cómo las preguntas
“¿Por qué?” se tornaron mas complicadas cuando los amigos de Job
trataron de dar con la respuesta correcta.
Aunque
las elecciones humanas o decisiones tienen consecuencias, el inferir
que las personas sufren de vih y sida a causa de su pecado no
hará mas que aumentar el estigma y la discriminación, y dificultara
los esfuerzos para responder a quienes viven con y son afectados
por el virus. Por lo tanto, el cuidado pastoral debería concentrarse
en la promesa de Jesús de perdonar y sanar, en lugar de tratar
de responder a la pregunta “¿por qué?”.
Los
funerales como oportunidades de asesoramiento y cuidado.
En
ocasiones, los servicios de funerales de personas que se conoce
que han muerto de sida han sido arreglados de manera diferente,
y en algunas instancias los pastores no han usado las mismas vestiduras
clericales como en los otros funerales. Tales prácticas discriminatorias
avivan el temor, el aislamiento y la separación y deben por lo
tanto ser cambiadas.
En
algunas comunidades, el impacto del vih y sida es especialmente
evidente en el número de gente muriendo. A causa del abrumador
numero de funerales que debían ser llevados a cabo en algunas
congregaciones, los lideres de la iglesia han tenido cada vez
menos tiempo y energía para sobrellevar sus otras responsabilidades
ministeriales. Los funerales proporcionan oportunidades importantes
para el cuidado pastoral ya que los amigos y familiares necesitan
apoyo, ser confortados, y el mensaje de esperanza en Jesucristo.
El
tipo de lenguaje usado en el servicio de funeral es crucial. La
liturgia de la iglesia debería incorporar textos, canciones y
silencio para que la gente exprese su pena y su clamor a Dios,
como es ejemplificado en los salmos de lamentos. La liturgia debería
también alentar a las personas a mirar más allá de la tumba hacia
Cristo, quien venció a la muerte.
En
algunas partes, una nueva cultura de prácticas de funeral se ha
desarrollado. Un “funeral apropiado” significa ataúdes caros,
entretenimiento elaborado que involucra a “invitados especiales”
y otros gastos extravagantes. Los recursos que podrían asistir
a las viudas sobrevivientes, o a los hijos y otros dependientes
son gastados, literalmente enterrados con el difunto, y los sobrevivientes
son dejados con enormes deudas. Las comunidades cristianas necesitan
reflexionar sobre lo que estas prácticas significan en relación
con su fe en Dios y su amor al prójimo. ¿Que practicas alternativas
podrían expresar mejor su amor por el difunto y su solidaridad
por los que quedaron atrás? ¿Los funerales costosos, son por amor
a los que han muerto o por los vivos?
¿Cómo
puede ser expresado nuestro amor mientras las personas aun están
vivas, en lugar de hacerlo después de que hayan muerto?
Algunas
habilidades y técnicas de asesoramiento
Escuchar
Cada
persona es acompañada por alegrías y tristezas conocidas solo
por ellas. Demasiadas palabras habladas pueden realmente ser un
enemigo para la comprensión. Primero, los sentimientos reales
y las luchas de la persona pueden ser distorsionadas o encubiertas
a través de juegos de palabras. Segundo, podemos perder una oportunidad
importante de estar realmente presentes para la otra persona.
Tercero, muchas palabras dichas pueden nublar o cubrir la presencia
de Cristo, quien viene como un visitante escondido, santo.
A
través de nuestra escucha, viajamos con aquellos y aquellas cuyas
vidas han sido afectadas por la pandemia del vih y sida, y facilitamos
la sanación y la restauración de la dignidad humana. El escuchar
atentamente capacita a las personas a compartir sus historias
libremente y a buscar sentido y nueva dirección para sus vidas.
El estar completamente presente de manera psicológica, social
y emocionalmente involucra no solo los oídos, sino también el
corazón.
El
escuchar atentamente involucra:
-
Comprender
e interpretar mensajes verbales y no verbales: Las historias
de los sufrimientos de las personas son usualmente una mezcla
de emociones y experiencias. Escuche atentamente, trate de
entender las diferentes experiencias y sentimientos de las
personas y preste especial atención a los mensajes no verbales
(lenguaje corporal), como expresiones faciales, tono de voz,
movimientos del cuerpo, y reacciones. Debe prestarse atención
de no distorsionar, sobre interpretar o leer significados
en lo que esta siendo expresado.
-
Atendiendo
al total del contexto: Préstele atención a la persona
en su totalidad, con relación a su situación social, cultural,
política y económica, y cómo estos factores impactan en su
condición.
-
Escuchando
con empatía: Sea atento, y tan completamente presente
con la otra persona como le sea posible. El escuchar con empatía
es una manera de ponerse en la situación del otro, de tratar
de comprenderlo de esa manera y reflexionar sobre lo que se
está escuchando.
Otras
técnicas para escuchar incluyen: Enfrentar a la persona en ángulo
recto, adoptando una postura abierta, el inclinarse hacia la persona,
mantener el contacto ocular, y estar relajado. Al oír, nos concentramos
en la conversación, resumiendo lo que estamos escuchando y comprobando
para estar seguros de que estamos comprendiendo.
Haciendo
preguntas
Las
preguntas deben ser hechas con sensibilidad. El propósito de hacer
preguntas es ayudar a la persona, no el satisfacer nuestra curiosidad.
Inquirir a una persona la manera en que quedó infectada no
es una pregunta útil o necesaria. Aun cuando pudiera haber
temas relacionados al estilo de vida que deban ser tratados en
el asesoramiento, uno no debería insistir en tratar de descubrir
como la persona contrajo el virus.
Preguntas
de final abierto, como las siguientes, son más útiles:
-
“Comparta
conmigo sus primeras reacciones cuando descubrió que su (cónyuge,
pareja, hijo, hija, etc.) eran vih positivos”
-
“Oí
que usted dijo que está enojado con su (cónyuge, pareja, hijo/a,
pastor, Dios). ¿Podría decirme más sobre ello?”
Cuando
usted se sienta nervioso, estancado, o inseguro sobre qué decir,
esta bien simplemente terminar con la conversación. Por ejemplo,
puede decir “Gracias por compartir su historia de vida. Quizá
pueda compartir conmigo como se siente ahora, y como quiere terminar
por hoy nuestra charla”.
Confrontando
o desafiando
Confrontar
o desafiar puede ser necesario para ir mas profundo dentro de
lo que se esta diciendo. Es crucial que la persona no se sienta
espantada. Esto involucra el darles la oportunidad (y quizá el
aliento) para explicar lo que están diciendo o para precisar aquello
que parezca inconsistente. El propósito es clarificar cualquier
ambigüedad. Ejemplos de ello podrían ser cuando una persona aparenta
estar culpando a los demás, cuando dude en tomar medidas, cuando
parezca evitar ciertos temas, cuando saca excusas de porque ciertas
cosas no pueden ser cambiadas, o cuando lo que dicen es poco claro.
Poniendo
metas
Es
importante que las personas que viven con el virus sean capaces
de hacer frente y vivir una vida significativa. Aliéntelos a ponerse
algunas metas al tomar o siguiente en consideración: ¿Qué es lo
que quieren hacer? ¿Cómo pueden lograrlo con los recursos que
tienen disponibles? ¿Quién los acompañara? Las metas deben ser
claras, realistas y mensurables. Exploren los obstáculos posibles
para alcanzar estas metas.
Las
personas quienes viven con y son afectadas por el vih y sida necesitan
explorar la manera en que pueden vivir positivamente y con dignidad.
Esto puede ocurrir a través del dialogo abierto, al explorar temas
como lo que significa ir a hacerse el test, conseguir un tratamiento,
el tratar con los temas de aceptación, el informar a la esposa
o pareja sobre su estado, la reconciliación con la familia o parientes,
o las necesidades practicas como el apoyo financiero.
Enfóquese
en la vida y la esperanza
El
vivir con cualquier enfermedad crónica significa tener que enfrentar
la propia mortalidad. El temor a la muerte es parte de lo que
significa ser humano, y necesita ser tratado. Sin embargo, el
enfoque del cuidado y el asesoramiento no es tanto la inevitabilidad
de la muerte, sino el cómo vivir una vida significativa. A causa
de Jesucristo, la iglesia es una comunidad de esperanza. La resurrección
de Jesús trae esperanzas de cara a la muerte. Como declara San
Pablo, “...pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos,
para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos,
del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para
ser Señor tanto de los muertos como de los vivos.” (Rom 14:8-9).
Reconozca
los límites
El
tratar con testamentos, complicaciones medicas, pena y culpa,
asimismo con las necesidades prácticas como el acceso a la medicación,
comida y la factura del colegio de los niños, puede sentirse abrumador.
El conocer las limitaciones propias es una señal de fortaleza
en lugar de debilidad. En vez de decir “Yo se como se siente”,
una respuesta mas positiva seria “Escucho su dolor…”, “Me siento
triste por usted…”, “Entiendo que este es un tiempo difícil para
usted, pero estoy aquí por usted.”
Si
uno no esta seguro de lo que decir, o que hacer, es mejor reconocer
sus limites, y referir a la persona hacia alguien en la posición
de proporcionar ayuda adicional. Las personas que viven con y
son afectadas por el vih y sida también pueden ser capaces de
proporcionar asesoramiento sobre como seguir adelante al ocuparse
con las complejas emociones implicadas.
Terminar
la relación
Es
importante, desde el comienzo, el identificar los temas que necesitan
ser tratados para que la persona los maneje, y saber cuando terminar
la relación de asesoramiento. Es tentador para las personas que
se involucran en este ministerio el sentir que ellos son necesitados
y así continuar indefinidamente. Aunque algunas situaciones pueden
requerir asesoramiento por unas cuantas sesiones, deberían haber
estrategias para que quienes son acompañados sean alentados a
“levantarse y andar”, o que encuentren cuidado continuo y apoyo
de la familia y de los demás.
El
cuidado espiritual de quienes proporcionan cuidados
El
acompañar a otra persona en su sufrimiento es difícil; es necesaria
mucha energía y puede ser cansador y frustrante. Por lo tanto,
quienes proporcionan cuidados también necesitan cuidarse a sí
mismos, y recibir cuidado de otros. Jetro aconsejo a su yerno
Moisés: “Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo
que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti;
no puedes hacerlo tú solo.” (Ex 18:18). La sabiduría de Jetro
nos recuerda el tener cuidado.
El
cuidarse a uno mismo significa tomarse el tiempo y el espacio
par tratar con las frustraciones y emociones experimentadas en
el proceso de dar cuidados. Esto puede incluir oración, estudio
de la Biblia, o compartir con gente que se preocupe (con sensibilidad
de las cuestiones confidenciales). Jesús modelo esto al recluirse
seguidamente en soledad o con sus discípulos en un lugar tranquilo
para reflexionar, orar y encontrar fortaleza (Mc 6:31; Jn 8:28).
Los
que proporcionan cuidados necesitan la presencia y el acompañamiento
de los demás. El estar con las personas cuando van en el proceso
de los análisis, el cuidar de aquellos y aquellas que viven con
y son afectados por el vih y sida, acompañar a los que están enfermos,
sus esposas, parejas e hijos que quedan solos, el estar con los
familiares en su luto, el conducir funerales, y consolar a quienes
están de luto –estas son responsabilidades pesadas. Fácilmente
pueden llevarlos a quedar exhaustos. Es por lo tanto importante
que cada persona involucrada en estas responsabilidades también
tenga alguien con quien compartir sus sentimientos profundos,
alguien que haga oración por ellas, y un espacio para ser humano
y poder relajarse. (Ver también apéndice 4).
Recursos
para este capítulo
Aalton,
Ritta y Veiki Munyika et al. (eds.), Challenging
the current understanding around hiv and aids: An African Christian
Perspective (CUAHA: 2005).
Bonhoeffer,
Dietrich, Spiritual Care, transl. By Jay C. Rochelle (Philadelphia:
Fortress Press, 1985).
Dube,
Musa W. (ed.), Africa Praying: A Handbook on hiv/aids Sensitive
Sermon Guidelines and Liturgy (Geneva: The World Council of
Churches, 2004).
Hedrich,
Ute, God breaks the silence: Praying in times of AIDS,
mission 21-protestant mission basel (Basel: United Evangelical
Mission, 2005).
Fr.
Igo, Robert, Listening with love: Pastoral counseling, a Christian
response to people living with hiv/aids (Geneva: The World
Council of Churches, 2005).
Jonson,
Jonas (ed.), Pastoral Work in Relation to Aids. LWF Documentation
no. 25 (Geneva: The Lutheran World Federation, 1988).
Maldonado,
Jorge E. (ed.), A guide to hiv/aids Pastoral Counseling
(Geneva: The World Council of Churches, 1990).
Tappert,
Theodore (ed. and trans.), Luther: Letters of Spiritual Counsel
(London, SCM Press Ltd., 1955).
UNAIDS,
Uniting the World against AIDS, @
www.unaids.org/en/issues/prevention_treatment/stigma.asp
USAforAfrica,
HIV/AIDS Stigma and discrimination, @
www.usaforafrica.org/knowledge/stigma.htm
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