Contenido:
Prólogo
Introducción
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Apéndices

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Manual - Apéndices

CAPÍTULO 6

PROMOCIÓN DE LOS DERECHOS

La promoción de derechos es una de las maneras a través por las cuales manifestamos nuestro amor por el prójimo en respuesta al amor de Dios dado a nosotros en Jesucristo. Al trabajar por los cambios en la sociedad que mejoran el acceso al cuidado y el tratamiento que se necesita para vivir, y por condiciones más justa, estamos cuidando, y poniéndonos de su lado y sirviendo a las personas que viven con vih y sida. Estos y otros cambios necesarios (como fue discutido en capítulos anteriores) son aspectos de actualidad para la promoción de derechos.

La promoción de derechos significa abogar por la causa de los otros y otras con y en nombre de ellos y ellas. A la luz de una creciente oposición en su contra, Jesús apunta a la venida del Espíritu Santo como el defensor o consolador quien testificaría a su favor (Juan 15, 26). Los cristianos usualmente se refieren a Cristo como su abogado frente a Dios el Padre. Cuando los profetas bíblicos hablaban ante reyes y sacerdotes a favor de los que sufrían injusticias, estaban abogando por ellos.

La promoción de derechos busca influenciar aquellos en el poder, para que lo use de manera diferente y así cambiar políticas y prácticas, cuyos efectos en las personas y el resto de la creación es injusta. Esta clase de defensa es muchas veces la más desafiante para la comunidad local de abordar, porque estos “poderes” suelen parecer tan remotos (o insensibles) a las situaciones que encontramos localmente. También podremos encontrar oposición, o aún riesgo personal cuando hablamos y confrontamos a otros y otras.

 

La promoción de derechos acontece en varios niveles, incluyendo:

  • Relaciones interpersonales, familiares y comunitarias.

  • Gobiernos locales y otras autoridades.

  • Agencias y organismos gubernamentales, estatales, provinciales o regionales.

  • Gobiernos y agencias nacionales

  • Organizaciones intergubernamentales (por ejemplo Naciones Unidas) y organizaciones no gubernamentales (ONG’s)

Las decisiones tomadas en un nivel a menudo afectan a las personas en otro nivel. A causa de esta interconexión, la promoción de derechos es necesaria en todos los niveles si los cambios van a ser efectivos y perdurables. También es importante que la información sea precisa, y es importante saber dónde se toman esas decisiones. Como la iglesia está presente en todos los niveles, ella está en una posición estratégica para promover los cambios, especialmente al conectar comunidades locales con aquellos en la posición de hacer esos cambios.

Orar, acompañar y cambiar actitudes

Al nombrar y llevar a otros en oración, participamos en la forma más básica de intercesión. Estamos abogando ante Dios de parte de una persona o situación. Cuando esto es hecho en reuniones públicas de adoración, los que están en necesidad y los que sufren silenciosamente son escuchados y se les presente ante Dios y de toda la asamblea. Las oraciones se vuelven el fundamento para la acción. No podemos orar por las personas y no hacer algo sobre su situación.

A través de la oración nos comunicamos “o conectamos” con Dios, la fuente de nuestro poder espiritual. El Espíritu de Dios nos sostiene para la intercesión larga y dificultosa que sigue y nos alienta y fortalece para desafiar los poderes y las prácticas que tienen como resultado injusticia y muerte.

Las muchas maneras en que caminamos y cuidamos a las personas y familias que viven y son afectadas por el vih y el sida son una forma de mediación. El ministerio del cuidado y aconsejamiento incluyen abogar por y estar en solidaridad con aquellos y aquellas que sufren los efectos del virus.

Algunas y algunos de nosotros podemos sentirnos incómodos sentándonos al lado de una persona o familia que viven y son afectadas por el vih y sida. Esto es así porque significa enfrentar tantas cuestiones relacionadas que nos incomodan, alrededor de las cuales han sido construidas muchas presuposiciones teológicas y morales. Estas barreras nos distancian a nosotros, la iglesia, de aquellos y aquellas que están más necesitados de cuidado y aceptación, e impiden a la iglesia hablar proféticamente en nombre de aquellos y aquellas que están sufriendo o cuya dignidad esta siendo violada. Responder con compasión a las personas que viven o están afectados por el vih y el sida significa desafiar e ir más allá de los límites que nos han hecho no amarnos unos a otros y otras, y buscar la justicia para todos aquellos y aquellas creados a la imagen de Dios.

Al trabajar en forma cercana con las personas tenderemos a encontrar suposiciones, comentarios, y mitos que estigmatizan y llevan a modelos de discriminación (ver capítulo 4), que debe ser desafiados en cuanto surjan. Los intermediadores necesitan estar alertas a los efectos reales que ocasionan las actitudes y prácticas de las personas en quienes viven y son afectados por el vih y el sida; especialmente cuando son estereotipados, mirados con desdén o silenciados.

A causa del doloroso efecto en la humanidad de otros, los mediadores confrontarán y trabajarán para cambiar esas actitudes y prácticas. También deberían alentar a viva voz el uso de métodos efectivos de prevención. El diálogo, el suscitar conocimientos y la educación son aspectos esenciales de la promoción de derechos. Las iglesias deben rever sus propias actitudes hacia el género, sexo, vih y sida y reconocer la parte que suelen tener en alimentar el estigma y la discriminación.

Cambio de políticas y prácticas

Identificar y analizar

Hay muchos obstáculos estructurales, prácticas y políticas que se combinan y empeoran la situación de aquellos que viven y son afectados con el vih y el sida. Estos están especialmente manifestados en las multifacéticas realidades de la pobreza. Esto muchas veces resulta en la falta de acceso a los tratamientos, nutrición inadecuada, cuidados médicas, educación, medios de vida, a la vez que a la negación de los derechos básicos (especialmente para las mujeres, ver capítulo 2) y otras injusticias.

Más aún, las practicas culturalmente reforzadas que contribuyen al aumento de la vulnerabilidad de las personas al virus y su propagación deben ser cambiadas (por ejemplo, tatuajes corporales, body piercing, poligamia, trafico de personas, mutilación genital femenina, marcado tribal, matrimonios forzados, relaciones sexuales con menores de edad, etc.)

Es importante identificar los más importantes obstáculos y prácticas, analizar aquello que debe ser cambiado y cómo eso puede acontecer, y crear una planificación estratégica de cómo y a quienes se necesita influenciar para realizar estos cambios.

Convocar y formar redes con otros y otras

Tras la identificación, el análisis y el comienzo de la planificación de la estrategia sobre aquello que necesita ser cambiado, convoque a otras personas para participar en este esfuerzo y forme redes con coaliciones u otras organizaciones que tengan intereses similares. Incluya a personas de otras fe religiosas y asimismo a organizaciones de la sociedad civil. Siempre que sea posible, incluya a personas que viven con o están afectadas por el vih o sida. La formación de redes y la organización es importante para comunicar, afirmar o reforzar los esfuerzos, estrategias y trabajos de otras personas con el fin de lograr cambios efectivos, que marquen una diferencia positiva en las situaciones reales de aquellos y aquellas que viven con y son afectados por el vih o sida.

Organice y planifique

Al unirse con otros y otras es importante mantener el foco en metas específicas y objetivos, y proponer como lograrlas. ¿Qué clase de acciones son necesarias? ¿Quiénes harán qué cosas y cuándo? ¿Qué clase de recursos humanos y financieros se precisan?¿ Cómo se puede movilizar a las personas para apoyar estos esfuerzos?¿Cómo será esto comunicado a los demás, incluyendo los medios de comunicación?¿Cuáles son los riesgos y obstáculos posibles y cómo serán administrados?¿Cuándo puede ser necesaria y apropiada la confrontación?


Monitorear y evaluar

Es necesario verificar si el trabajo de promoción de los derechos está encaminados, si los objetivos se están alcanzando y si es necesario un cambio de estrategias. Podemos aprender de aquello que se ha hecho bien y de aquello que ha fallado, y debemos dar explicaciones a quienes tienen parte en el desarrollo de este trabajo.

Promoción de derechos a través de los medios de comunicación

Contacte a los medios locales para comunicar sus preocupaciones relacionados con aquellos y aquellas que viven con y son están afectados por el vih o sida. Aparte de los medios relacionados a la iglesia, considere como lograr comunicar su mensaje a través de los medios seculares, especialmente medios de comunicación comunitarios incluyendo radio, TV, sitios web, medios impresos, videos, audiovisuales, CD-Roms, DVD, teatro, foros públicos, teatro comunitario, poesía, fotografía, arte, cine móvil, calcomanías, cartas pastorales, campañas de tarjetas postales, competiciones de arte, conciertos, y etc. La invitación de celebridades locales o líderes políticos respetados puede ser particularmente importante al comunicar mensajes sobre estigmatización y discriminación.

Concéntrese en una población objetivo o grupos a los que usted pretende alcanzar con su mensaje. Diferentes abordajes serán necesarios para alcanzar a lideres religiosos, lideres de otras confesiones religiosas, maestros y otros educadores, niños y jóvenes, mujeres, hombres, gente marginada como gente sin techo, gente sin tierras, ocupantes ilegales, personas que viven con o son afectadas por el vih o sida, trabajadores de la salud comunitarios, personas con capacidades diferentes, prisioneros y otras personas privadas de la libertad, y refugiados.

El lenguaje usado en todos los mensajes a través de los medios masivos debe ser apropiado, inclusivo y sensible a los contextos culturales y de género. Evite el estereotipo o la distinción entre “nosotros y nosotras” y “ellos y ellas”. Asegurese que su mensaje sea claro, y piense sobre las dificultades posibles y como asegurarse que el mensaje sea comunicado claramente. Use fechas internacionales y nacionales como el Día Mundial del Sida (1º de diciembre), domingos especiales y otras reuniones de iglesia, o eventos en que estas cuestiones puedan ser destacadas. Movilice los medios locales seculares, y pídale a los responsables de los boletines y periódicos de iglesia que publiciten información o eventos relacionados al vih y sida.

Reconozca el rol clave del gobierno

En ocasiones, las iglesias ven al gobierno y la dinámica política como arenas que desean evitar. Sin embargo, desde una perspectiva teológica, el buen gobierno es considerado un medio importante a través del cual Dios obra para mantener y promover condiciones justas y humanas para la vida en común de todos y todas, especialmente para los más vulnerables. Las comunidades de fe tienen la responsabilidad de ser la voz de los que no tienen voz, y de hacer que los gobiernos sean transparentes y responsables frente a su propios pueblos, constituciones y leyes, y así mismo frente a los acuerdos y otras convenciones internacionales que hayan firmado, y a los derechos humanos.

Las agencias internacionales y los gobiernos están reconociendo cada día más el trabajo de las iglesias y de las organizaciones eclesiásticas, y desean involucrarse con ellas en trabajo de prevención de vih y sida.

Basada en su fe, la iglesia está autorizada y fortalecida para mantener a los gobiernos en transparencia. Su actuación se fundamenta en la esperanza y el coraje cuando otros sucumben al cinismo y la desesperación.

Las iglesias pueden hacer que los gobiernos sean confiables y transparentes por medio de:

  • La solidaridad crítica con las y los marginados y excluidos.

  • Llamando por su nombre a los temas y la raíz de las causas de injusticia y pobreza

  • Alentando la transparencia y la verdad en la vida pública.

  • Apoyando los esfuerzos locales para aumentar la educación cívica y la participación.

  • Creando nuevos modelos para el desarrollo de comunidades que sean participativos, sustentables y centrados en las personas.

 

Reúnase con aquellos y aquellas que pueden crear la diferencia

Estos deben ser, en general, personas elegidas o nombradas en el gobierno, o las y los que toman decisiones en los negocios o en las ONG’s. Pueden ser de un nivel local (algunos hasta pueden ser miembros de su congregación), de un nivel estatal / provincial/ regional, o de un nivel nacional. Aunque los contactos iniciales con ellos pueden ser a través de cartas, correos electrónicos o llamadas telefónicas, lo más efectivo, son los encuentros cara a cara.

Cuando planifique un encuentro como este, los siguientes puntos son ayuda memoria útil:

  • Sepa de antemano las responsabilidades y la perspectiva de la persona a quién vaya a solicitarle que introduzca los cambios necesarios.

  • Defina los objetivos de su visita.

  • Provea con anticipación algún material sobre su trabajo.

  • Anticipe algunas preguntas y sus posibles respuestas.

  • Sea positivo en lugar de argumentativo

  • Identifique claramente su posición de defensa de los derechos, y exponga su caso.

  • Requiera acciones o respuestas específicas.

  • Explore la manera en que pudieran continuar trabajando juntos por estos cambios.

  • Pase los informes a su equipo de trabajo, y determine cómo hacer que estas personas sean responsables de un seguimiento, y de la introducción de los cambios necesarios.



Participe en redes internacionales y alianzas que están trabajando por el cambio

Aún después que la promoción de los derechos haya sido tratada de la manera discutida anteriormente, algunas cuestiones requieren aún cambios a nivel internacional, a través de las Naciones Unidas u otras organizaciones internacionales. Por lo tanto es importante permanecer en contacto con el trabajo de promoción de los derechos buscados a este nivel por medio de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial, la Federación Luterana Mundial, el Consejo Mundial de Iglesias, varias agencias de desarrollo, y otras. La promoción de los derechos en unión con los demás en la sociedad civil es crucial. La experiencia y los hallazgos en su trabajo a nivel local deben ser compartidos con aquellos y aquellas que llevan adelante esta tarea a nivel internacional y, a su debido momento, la participación local debe ser alentada en campañas internacionales de promoción de los derechos.

Finalmente, ser un efectivo promotor de derecho significa entender que la fidelidad es parte de nuestro testimonio. No ganaremos todas nuestras batallas; en ocasiones podemos aún perder aquellas que parecen simples. Es importante recordar que necesitamos estar presentes para logra ser testigos efectivos. El testimonio de la promoción de derechos es una manera de compartir el amor de Dios hacia todas las personas, mientras insistimos y persistimos en traer frente a aquellos y aquellas que pueden hacer la diferencia las necesidades de quienes viven o son afectados por el vih y el sida.

Conclusión: ¿Dónde está nuestra esperanza?

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva...Y oí una voz potente que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios entre los seres humanos... él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor...” (Apocalipsis 21, 1-4)

 

Como cristianos y cristianas, no solo creemos en la vida después de la muerte, sino aún más en la vida antes de la muerte. Y así, vivimos en el aquí y ahora, a la luz del reino prometido de Dios, mientras se hace presente en el caos que experimentamos. Cuando nos desesperamos y nos volvemos impermeables a la compasión, podemos recordar que Dios promete otro mundo, en lugar de este en el cual muchas y muchos continúan sufriendo y muriendo física, social y espiritualmente. Como cristianos y cristianas nuestra esperanza expectante es vivida en el aquí y ahora, al buscar enfrentar activamente los estigmas pecaminosos que impiden la vida abundante de Dios para todos y todas, y al actuar para que esa vida sea posible para todos y todas. No negamos permitir que el diagnóstico de vih y sida se vuelva una sentencia de muerte, y buscamos hacer que la atención médica y la medicación estén disponibles para todos y todas. Lo hacemos así porque creemos en la vida en medio de la muerte, y en la resurrección de la vida. Por lo tanto, continuamos trabajando por una iglesia y una sociedad más justa e inclusiva, aquí y ahora.

 

Recursos para este capítulo

www.e-alliance.ch

www.elca.org/advocacy

www.lutheranworld.org/what_we_do/OIAHR/OIAHR-welcome.html

Rescatar la Vocación de Gobierno: Una declaración de una Consulta de la FLM”, en Karen L. Bloomquist (editora), Comunión, Responsabilidad, Transparencia. Documentación de la FLM 50/2004 (Geneva: The Lutheran World Federation, 2004)