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ASIGNATURA PENDIENTE.

Elementos para una pastoral con personas de orientación homosexual.

Introducción

Muchas veces las teorías suena muy bien cuando se las construye desde lo abstracto. Aquello que parece correcto en un gabinete de trabajo no necesariamente es útil en el trabajo pastoral. Llegue a la vida de Eduardo cuando estaba internado en el hospital Muñiz. En este momento me hablaron el jefe de la sala, la asistente social y los enfermeros pidiendo que considerara la posibilidad de incorporarlo al Hostal Solidario. La historia de Eduardo había comenzado hacia 29 años. Fue adoptado por un pastor de una iglesia pentecostál. Cuando ese pastor fue tomando conciencia de la orientación sexual de su hijo adoptivo intento corregirlo de diversas maneras. Tratamiento psicológico, castigos corporales, sermones que recorrían todos los textos tradicionales que algunos fundamentalistas consideran que tiene que ver con la orientación sexual. Finalmente con la Biblia en su mano ese padre y pastor lo expulso de su casa y de su familia. Eduardo se transformo en Vanesa Bontivoglio. Esa fue la identidad que construyó. Luego vino la prostitución callejera, las drogas para atreverse a salir cada día a hacer la calle a ejercer la prostitución. Luego los robos para sostener la adicción y la cárcel en diversas oportunidades. Cuando nos encontramos en aquella sala del hospital Eduardo-Vanesa tenía una reacción a todas las siliconas que había colocado en su cuerpo. Hablamos sobre el Hostal y sus reglas. En todo momento trate de respetar su identidad y ser un signo a su lado de la gracia de Dios. Puedo afirmar desde el paso del tiempo que aprendí a apreciarlo y quizás a quererlo como un excelente compañero de ruta. Le acompañe hasta el final. Antes de que muriera le pude decir todo lo que Dios y yo le amábamos. Convencerlo de que nada ni nadie lo podía apartar del amor de Cristo. Me resultada irónico considerar que Eduardo-Vanesa habia comenzado su vida junto a un pastor evangélico y terminaba su vida acompañado por otro pastor evangélico. Ambos utilizando la misma Biblia pero con respuestas totalmente diferentes. Aquel  le quiso cambiar. Este le aceptaba en la identidad que había construido. Aquel le rechazó en nombre de Dios. Este le aceptó y amor en nombre de Dios. Siempre me ha quedado como pregunta pendiente: ¿cuál de los dos actuó evangélicamente?

La esclavitud, lo ordenación de la mujer, los zurdos y la Biblia.

Cuando queremos construir una pastoral hacia las personas de orientación homosexual debemos traer a la memoria las agrias polémicas en el siglo pasado entre aquellos cristianos que querían abolir la esclavitud y aquellos que utilizando la Biblia sostenían ese sistema como inspirado por Dios. Esta actitud se prolongó aún en nuestro siglo con aquellos cristianos que justificaban la separación racial en Sudáfrica. De la misma forma en que aquella cuestión se transformó en una división de aguas confesional hoy aparece el controvertido tema de la orientación sexual como tema que define la identidad de la iglesia misma y de su práctica pastoral. Nuevamente enfrentamos el tema de cómo y para qué utilizamos las Escrituras y la historia de la salvación. Podemos hacer de ambos un instrumento de opresión y exclusión o las podemos transformar en herramientas de liberación y de inclusión.

En la discusión acerca de la esclavitud las iglesias se dividieron afirmando ambos lados sus posiciones tanto en las lecturas de determinados textos y en afirmaciones tomadas de las ciencias. Generalmente los debates tanto seculares permanecen exclusivamente en ese ámbito. Fue sorprendente cuando la Comunidad Homosexual Argentina pidió a fines de la década del 80’ la personería jurídica, los fundamentos del juez para negar esa personería estaban tomados en gran parte de las Escrituras.

Hoy nos enfrentamos a situación semejante con relación a la orientación homosexual. Es por ello que se nos impone una tarea de crítica teológica y ética. No podemos entrar a considerar este tema si no estamos dispuestos a ejercer una fundamental revisión de criterios y metodología de trabajo teológico y pastoral. Asimismo es necesario, al querer inculturar el evangelio en la cultura gay, tener la voluntad y capacidad de entrar en diálogo con aquellos que han de ser primariamente afectados por esa acción.

La ordenación de la mujer al ministerio de los la Palabra y los Sacramentos suscitó una discusión similar y la Biblia fue y es utilizada para fundamentar ambas posiciones.

Igualmente tenemos que recordar que las personas que escribían con la mano izquierda eran consideradas hasta hace muy pocos años como anormales y enfermos. Muchos de ellos tuvieron que sufrir en un mundo construido para los diestros una cruel adaptación. En las escuelas se los castigaba para que aprendieran a escribir con la mano derecha, en sus hogares esa persecución continuaba para que realizaran las tareas como lo hace la mayoría. Muchas veces estas personas aprendían a escribir  o realizar tareas con la mano derecha, pero en aquellas áreas en las cuales no se los había obligado a cambiar utilizaban la mano izquierda, que para ellos es lo natural. Hoy esta actitud ha cambiado y se los acepta plenamente y no se los obliga a ser como la mayoría. Quizás en un futuro inmediato, esto pueda suceder con la orientación homosexual.

La historia pastoral.

Si consideramos la historia de la práctica pastoral cristiana tampoco encontramos una posición homogénea. La fuete idea de que los cristianos rechazaron a las personas de orientación homosexual siempre y en todo lugar en forma similar a lo que ocurre contemporáneamente no se confirma con los testimonios históricos. Las personas de orientación homosexual son hoy los grandes extraños en nuestras comunidades cristianas. Al entrar en el nuevo milenio las iglesias están dispuestas a pedir perdón a los científicos por el daño causado en los siglos, a los otros creyentes cristianos por las persecuciones y anatemas, a los judíos por los diversos holocaustos, a la sociedad en general por incomprensiones diversas, excepto a las personas de orientación homosexual porque se sigue justificando la exclusión y persecución.

Durante los primeros doce siglos, las personas de orientación homosexual fueron miembros de su elite teológica y pastoral. Fueron miembros distinguibles del pueblo de Dios. Por su estructura y la disciplina impuesta tanto el sacerdocio como la vida religiosa fueron el refugio para hombres y mujeres que buscaban una alternativa a la vida matrimonial. Aún hoy las estadísticas muestran que si el porcentaje de personas de orientación homosexual en la sociedad se ubica en alrededor del 5% (según los cálculos más conservadores) en cualquier iglesia cristiana y aún en el contexto de las comunidades judías, ese porcentaje puede subir a casi el doble.  Es necesario tener en cuenta la invisibilidad de esta minoría, producida tanto por miedo a la exclusión como por el hecho de que nadie se define ni se identifica por su orientación sexual. Debemos tener presente que no estamos trabajando con rótulos sino que nos referimos a personas encarnadas con historia y contexto. No existe el homosexual, existen personas con una rica personalidad y compleja identidad, donde uno de los múltiples elementos que constituyen esa unidad, es la orientación sexual.

Los testimonios históricos de esta actitud de la iglesia durante estos primeros siglos se fundamenta en poemas eróticos nacidos entre personas del mismo sexo en el contexto monástico, en los rituales que celebraban matrimonios entre religiosos o religiosas. De hecho las primeras liturgias matrimoniales nacen en este contexto porque la iglesia consideró durante largo tiempo el matrimonio heterosexual como un tema netamente secular. Su afirmación de la supremacía del celibato frente al matrimonio fue uno de los fundamentos de esta realidad. Aún a fines de la Edad Media o comienzos del Renacimiento los matrimonios heterosexuales no se celebraban dentro del edificio de la iglesia sino en el atrio porque aún se consideraba como una situación sospechosa. Esto se puede comprobar en diversos cuadros que representan el matrimonio de María y José.

Esta situación comienza a cambiar alrededor de 1250 cuando se establece una cierta intolerancia en la sociedad civil. La iglesia acompaña ese proceso tal como lo hace hoy. El tema de la orientación homosexual se ha instalado en la agenda de las comunidades cristianas por presión del mundo secular y del movimiento de liberación homosexual. No es un tema que haya escogido libremente sino que se le ha impuesto desde fuera. Lamentablemente, como en otros temas, las comunidad cristiana no avanza a la vanguardia de un movimiento de integración y de inclusión. Muy por el contrario, en general se visualiza a las iglesias como una de las áreas de mayor resistencia a reconsidera bajo una luz diferente este tema.

Metodología de trabajo.

En ese sentido tenemos que hacer nuestra la metodología de trabajo trazada por  John Wesley [1] tenía una formula para analizar la revelación cristiana que llama un cuadrilátero: Uno de los lados es la Escritura misma, otro lado es la tradición de la comunidad cristiana con relación a la lectura y práctica de esas Escrituras. El tercer lado esta dado por la razón y los aportes que nos brindan las ciencias humanas y el cuarto lado del análisis está dado por la propia experiencia contemporánea.

1.      Escritura.

El concepto de orientación sexual, y en consecuencia de orientación homosexual como identidad psico-afectiva es construido por las ciencias humanas en la segunda mitad del siglo XIX. En consecuencia, ningún escritor bíblico tiene conciencia de esta realidad. Para el mundo bíblico, tanto antiguo como nuevo testamento, toda la humanidad es heterosexual.

Es interesante la lectura interna que hacen las escrituras de algunos de los más famosos textos utilizados para excluir y oprimir a los homosexuales. Refiriéndose a Sodoma, el profeta Ezequiel afirma: “Esta fue la iniquidad de tu hermana Sodoma: soberbia, buena mesa y total despreocupación. Además de esto, ella y sus hijas no socorrieron al pobre y al indigente” (Ez. 16: 49). En realidad podríamos afirmar, utilizando correctamente las escrituras que el pecado de sodomía es el sistema neoliberal que ha sido impuesto en el actual ordenamiento económico a nivel mundial. Las otras referencias a Sodoma y Gomorra, en ambos testamento, van en el mismo sentido.

Aquello que los escritores bíblicos conocen son las prácticas homosexuales, y en este plano las condenan cuando las mismas están relacionadas con el abuso de menores, con la idolatría, con la prostitución, con la violación sexual. De hecho tenemos que cuidarnos de no hacer un anacronismo y proyectar sobre el pasado algo que solo conocemos en la actualidad. El concepto de orientación sexual es nuevo. Los escritores bíblicos no tienen conocimiento de esa realidad. Pastoralmente tenemos que saber que la orientación sexual se establece muy temprano en la vida de una persona (entre los 3 y 5 años), que es irreversible y que es involuntaria. Nadie elige su orientación sexual sino que la descubren en su experiencia. Esta triple realidad tiene que abrir un campo de una aproximación diferente al tema de la orientación homosexual.

2. Tradición.

Debemos tener cuidado de una lectura selectiva, de una interpretación litera de la tradición. Esta actitud va acompañada de una lectura fundamentalista de las mismas Escritura. Frente a la lectura y comprensión ascetica de la sexualidad, donde el celibato es el camino perfecto y el matrimonio el mal menor, la reforma protestante del siglo XVI saca la sexualidad del ámbito de la revelación para ubicarlo en el de la creación. La reforma comenzó a enseñar que el propósito fundamental de Dios al crearnos como seres sexuales no fue la procreación sino que pudiéramos hacer el amor. Fue el amor, la intimidad, la reciprocidad, la mutualidad, y no la procreación, el propósito fundamental que quiso Dios para la sexualidad.

3. La Razón.

Las ciencias, en medio de un amplio debate, han llegado al consenso de que la orientación sexual se establece en una fase bastante temprana de la vida y que por lo tanto es muy resistente a cambios significativos. En ese proceso no interviene la voluntad. Ya no se puede sostener científicamente la vinculación entre la inestabilidad o la inmadurez emocional y la orientación homosexual porque los datos estadísticos desmienten esas afirmaciones. Esto nos lleva a la necesidad de fundamentar en los mejores datos científicos una pastoral con las personas de orientación homosexual. Es por ello que las iglesias  deben construir una educación valiente sobre la sexualidad en general con el objetivo de cambiar puntos de vista distorsionados. Compartir ampliamente la mejor información disponible sobre la realidad de la homosexualidad evitando repetir prejuicios y caer en actitudes homofóbica, que tienen el mismo carácter que el antisemitismo o el racismo.

4. La Experiencia.

La homofobia (el miedo y el odio irracional hacia las personas de orientación homosexual) están tan profundamente enraizado en la sociedad y afecta nuestras actitudes tan sutilmente que no será fácil cambiarlas. Es significativo ver en los medios el uso del vocabulario que revela este prejuicio. Nunca reducimos a una persona a su dimensión sexual. Es muy raro hablar de “una persona de orientación heterosexual”. Se da por sentado que todos los seres humanos lo son. Hay una ecuación entre heterosexualidad y bondad al igual que homosexualidad y depravación. Los medios de comunicación nunca habla de un heterosexual que abuso de un menor pero siempre aparece un homosexual abuso de un menor. Las estadísticas muestran que no existen mayor cantidad de abuso por parte de homosexuales pero queda en la imaginación popular esta realidad construída a partir del vocabulario

PAUTAS PASTORALES.

Es necesario convocar a personas de orientación homosexual para entrar en diálogo con ellos como para poder juntos construir una acción pastoral. Este es un proceso largo y difícil por los prejuicios mutuos y por el dolor y la marginación que han sufrido las personas de orientación homosexual en las iglesias. Es necesario afirmar que la homofobia no puede tener lugar entre los cristianos. Las enseñanza de la iglesia con relación a la orientación sexual no pueden ser el fundamento de esas actitudes y nunca podrán ser utilizadas para justificar actitudes de exclusión y marginación. La naturaleza misma de la iglesia está en cuestión y debemos debatir el tema del concepto de la inclusividad. No es posible olvidar que el primer bautizado no judío es el eunuco de Etiopía, que por su condición sexual estaba excluido del Templo y de la sinagoga. Este texto de controversia continua siendo una interpelación para la comunidad cristiana. [2]

La iglesia reconoce la dignidad de toda persona y no las define o rotula en términos de su orientación sexual. Debemos considerar a toda persona, independiente de sus acciones y méritos, como hijos e hijas de Dios y destinados a vivir en el Reino. La persona humana difícilmente puede ser descripta reduciendo sus cualidades a un comportamiento sexual. La iglesia debe proveer un contexto en el cual la persona de orientación homosexual sea plenamente aceptada como para romper el aislamiento y el ocultamiento. Esta es una realidad que muchas veces no vemos porque es una minoría que esta oculta por temor a nuestras reacciones de odio y prejuicio. Desde el púlpito y la predicación debemos hacer sentir que la comunidad cristiana esta abierta a toda persona que confiesa que Cristo es el Señor y a toda persona que por su identidad es perseguida y sus derechos humanos y civiles son heridos [3]

Es necesario superar ciertos conceptos equivocados y sin fundamento científico como para poder organizar una acción pastoral adecuada. La orientación sexual en cuanto tal de una persona homosexual no es un error moral ni un pecado. Debemos proclamar abiertamente que son hijos e hijas de Dios, con talentos y llamados a cumplir un propósito en los planes divinos. [4] “Dios no ama a alguien menos porque es homosexual. El amor de Dios siempre y en todas partes se ofrece a los que están abiertos para recibirlo” [5]

Hago mías las recomendaciones pastorales del Comité de Obispos para el Matrimonio y la Familia de la Iglesia Católica Romana en Estados Unidos cuando dicen:

·         Reciban a las personas homosexuales en la comunidad de fe y busquen a los que están marginados. Eviten los estereotipos y las condenas. Traten primero de escuchar...

·         Aprendan más sobre la homosexualidad y la doctrina de la Iglesia para que su prédica, enseñanza y consejería sean bien informadas y efectivas.

·         Usen las palabras “homosexual”, “gay” y “lesbiana con honestidad y correctamente, especialmente desde el púlpito...

·         Ayuden a establecer o promover grupos de apoyo para padres y miembros de la familia. [6]

También quiero utilizar las palabras de estos hermanos para terminar este breve y apresurado bosquejo que espero sea el comienzo de un diálogo honesto y profundo, que vaya más allá de la coyuntura:

A nuestros hermanos y hermanas homosexuales les ofrecemos una palabra final. Este mensaje es una mano abierta a sus padres y familiares que los invita a aceptar la gracia de Dios presente en sus vidas ahora y a confiar en la gracia de Dios presente en sus vidas ahora y a confiar en la misericordia segura de Jesús nuestro Señor. Ahora les extendemos la mano y los invitamos a hacer lo mismo. Estamos llamados a convertirnos en un solo cuerpo, un solo espíritu, en Cristo. Nos necesitamos unos a otros porque así “creceremos de todas maneras hacia Aquel que es la Cabeza, Cristo. El da organización y cohesión al cuerpo entero, por medio de una red de articulaciones, que son los miembros, cada uno con su actividad propia, para que el Cuerpo crezca y se construya a sí mismo en el Amor” (Efesios 4: 15-l16) [7]

Pastor Lisandro Orlov

Iglesia Evangélica Luterana Unida.

abril de 2000



[1] James B.Nelson/Sandra P. Longfellow: “La Sexualidad y lo Sagrado. Fuentes para la reflexión teológica” Desclée De Brouer. Bilbao 1996

[2] Robin Smith: “Living in Covenant with God and One Another. A guide to the study of Sexuality and Human Relations using statements from member churches of the World Council of Churches. Geneva. 1990

[3] Cardenal Basil Hume. OSB: “Apuntes sobre la Enseñanza de la Iglesia con Relación a las Personas Homosexuales"

[4] National Conference of Catholic Bishops: “Siempre Serán Nuestros Hijos. Un mensaje pastoral a los padres con hijos homosexuales. Sugerencias para agentes pastorales. Una Declaración del Comité de Obispos para el Matrimonio y la Familia. 1997. Pag.6.

[5] idem. Pàg. 7

[6] idem. Pág. 12

[7] idem. Pág. 13