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Apareció en “Origins” Abril 27, 1995, VOL. 24. Nº 45, 765-769 Cardenal Basil Hume OSB APUNTES SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CON RELACION A LAS PERSONAS HOMOSEXUALES. [Introducción de “Origins”] “La homofobia no tiene lugar entre los católicos. La enseñanza católica con relación a la homosexualidad no se fundamenta en ella y nunca podrá ser utilizada para justificar “actitudes homofóbica”, sostuvo el Cardenal George Basil Hume de Westminster, Inglaterra, el 6 de marzo en su documento: “Apuntes sobre la Enseñanza de la Iglesia Católica con relación a las Personas Homosexuales”. Este artículo plantea el cuidado pastoral para con las personas homosexuales, examina el significado del termino “desordenadas” con relación a la actividad homosexual y afirma el valor de la amistad y del amor en la vida de las personas homosexuales. Estos apuntes se concentran en la posición de la iglesia con relación a la legislación civil acerca de las personas de orientación homosexual. También, este estudio dice: “La iglesia condena la violencia tanto en palabras como en acciones contra las personas homosexuales”. Hume comenta que el amor entre dos personas, ya sean del mismo o de diferente sexo, es algo para ser apreciado y respetado”. Pero afirma que la “experiencia del amor es deteriorada, ya sea en el contexto del matrimonio o en el de la amistad, cuando no pensamos ni actuamos como Dios desea que nosotros pensemos y actuemos”. Hume analiza el significado de la terminología utilizada por la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, cuando afirmó en 1980 que la inclinación hacia los actos homosexuales es objetivamente desordenada. A pesar que esto suena duro en castellano, Huma dice que esta terminología: “objetivo desorden pertenece al vocabulario de la teología moral y a la filosofía tradicional católica” y es “utilizada para describir una inclinación que es un apartarse de aquello que es generalmente considerado como la norma”. Hume enfatiza que el ser una persona homosexuales no es “moralmente ni bueno ni malo: son los actos genitales homosexuales los que son moralmente equivocados”. El texto se presenta a continuación. TEXTO: 1. Hace tres años un asesoramiento fue ofrecido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a los obispos de los Estados Unidos con relación a cómo apreciar el impacto de las propuestas legislativas con relación a las personas homosexuales y sus derechos a la vivienda y al empleo. Algunas de las expresiones utilizadas en las notas publicadas a continuación de este comentario y citadas sin el contexto, causaron pesar y rabia, junto con la mala interpretación de aquello que la iglesia sostiene. Dos años atrás escribí “Algunas observaciones sobre la enseñanza de la Iglesia Católica con relación a las personas homosexuales” que fue enviada a ciertas organizaciones e individuos. 2. Desde entonces algunos de estos grupos e individuos se me aproximaron buscando una mayor clarificación sobre las enseñanzas de la iglesia sobre la homosexualidad, y he continuado reflexionando sobre la responsabilidad pastoral de un obispo en está área. He terminado ahora esa nota ampliada que puede ser de ayuda publicar. Ella incorpora los principales puntos tratados en los documentos de las primeras observaciones. 3. En lo que a continuación sigue cito en varias oportunidades la “Carta sobre el Cuidado Pastoral de Personas homosexuales” publicada en 1986 por la Congregación para la Doctrina de la Fe (CP). También realizó citas tomadas de “Una introducción al Cuidado Pastoral de las Personas Homosexuales” preparado por la Comisión Católica de Bienestar Social de nuestra conferencia de obispos en 1979. (PH) PRINCIPIOS Dignidad de la Persona Humana. 4. La iglesia reconoce la dignidad de toda persona y no las define o rotula en términos de su orientación sexual. “El pastor y el asesor deben considerar a toda persona como hijos/as de Dios y destinados a la vida eterna, sin tener en cuenta su sexualidad” (PH, p.10). La congregación declaró esto aún más plenamente: “La persona humana, hecha a la imagen y semejanza de Dios, difícilmente puede ser descripta adecuadamente por una referencia reduccionista referida a su orientación sexual. Todo aquel que vive sobre la faz de la tierra tiene problemas y dificultades personales, pero tiene, del mismo modo, el desafío de crecer, fuerza, talentos y dones. Hoy en día la iglesia provee un contexto tan necesario para el cuidado de la persona humana cuando ella se niega a considerar a la persona como heterosexual u homosexual e insiste en que cada persona posee una identidad fundamental: es una criatura de Dios y por gracia, es su hijo o hija y herederos de la vida eterna” (PC, 16). Sexualidad y Matrimonio 5. Al sostener la dignidad de las personas que son homosexuales, la iglesia está siendo coherente con sus enseñanzas. Hay dos principios fundamentales que determina la enseñanza de la Iglesia Católica sobre temas sexuales. Primero, la iglesia ha enseñado siempre que la expresión amorosa sexual (genital) tiene la intencionalidad, en el plan de la creación de Dios, de encontrar su expresión exclusivamente dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer. La iglesia, por la tanto, no puede de ninguna manera igualar un compañerismo homosexual con un matrimonio heterosexual. Segundo, la expresión sexual de amor (genital) debe estar abierta a la posible transmisión de una nueva vida. Por estas dos razones la iglesia no aprueba las actos genitales homosexuales. Cuando la iglesia describe tales actos como “intrínsecamente desordenados” (PC,3), esto significa que tales actos no son consistentes con los dos principios fundamentas mencionados anteriormente. Es en este sentido que la iglesia enseña que no puede haber un derecho moral del acto homosexual, aún cuando ellos no sean ya más considerados como un crimen, tal como ocurre en muchos sistemas legales seculares. Ningún obispo, sacerdote o laico está en posición de cambiar la enseñanza de la iglesia, que ella considera como dada por Dios. OTRAS CONSIDERACIONES La Orientación Homosexual 6. Es necesario distinguir entre orientación o inclinación sexual y el comprometerse en actividades sexuales (genitales), ya sean heterosexuales u homosexuales. Ni la orientación homosexual ni heterosexual conduce inevitablemente a la actividad sexual. Además, la orientación sexual de un individuo puede ser confusa o aún compleja. También, puede variar a lo largo de los años. El Significado de “Objetivamente Desordenado” 7. La orientación o inclinación particular de una persona homosexual no es un error moral. Una inclinación no es un pecado. Una inclinación hacia el actuar que es contrario a la enseñanza de la iglesia ha sido, sin embargo, descripto como “objetivamente desordenado”. La palabra desordenado suena muy duro en el idioma castellano. Sugiere inmediatamente una situación pecaminosa o por lo menos implica una degradación de la persona o aún una enfermedad. No se puede hacer esta interpretación. Primero, la palabra es un termino que pertenece al vocabulario de la teología y la filosofía moral tradicional católica. Se la utiliza para describir una inclinación que se aparta de aquello que es generalmente considerado como la norma. La norma consiste de una inclinación hacia la relación sexual con una persona del sexo opuesto y no entre personas del mismo sexo. Por lo tanto, ser una persona homosexual no es, desde el punto de vista moral, ni bueno ni mal; son los actos genitales homosexuales los que son moralmente equivocados. Segundo, cuando la iglesia habla de la inclinación homosexual como siendo “objetivamente desordenada” (PC, 3), la iglesia solo puede estar pensando en la inclinación hacia los actos genitales homosexuales. La iglesia no considera a la totalidad de la persona y el carácter del individuo como siendo por ello desordenado. Las personas homosexuales, al igual que las personas heterosexuales, pueden y a menudo lo hacen, dar un bello ejemplo de amistad y de casto amor. Amistad 8. La amistad es un don de Dios. La amistad es una forma de amar. La amistad es necesaria para toda persona. El considerar equivalente la amistad con la relación sexual completa con otra persona es distorsionar el concepto mismo de amistad. El amor sexual presupone la amistad, pero la amistad no requiere la relación sexual plena. Es un error decir o pensar o presuponer que si dos personas del mismo o de diferente sexo gozan de un amistad profunda y duradera tienen que necesariamente tener una relación sexual. El amor humano 9. El amor entre dos personas, ya sea del mismo o de diferente sexo, es algo para ser apreciado y respetado. “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana María, a Lázaro”, leemos (Juan 11:5). Cuando dos personas se aman, ellas experimentan, de una forma limitada en este mundo, aquello que será el gozo que no tendrá fin cuando seamos uno con Dios en el mundo venidero. El amarse unos a otros es, de hecho, alcanzar a Dios, quien comparte su amor con aquellos que aman. El ser amado es recibir un signo o compartir el amor incondicional de Dios. 10. El amarse unos a otros, aún cuando sea entre personas del mismo o diferente sexo, es el entrar en un área de rica experiencia humana. Pero esta experiencia de amor es deteriorada, ya sea en el matrimonio o en la amistad, cuando no pensamos ni actuamos de acuerdo a la voluntad de Dios para con nosotros. El amor humano es precario, porque la naturaleza humana está herida y es frágil. Por ello, el matrimonio y la amistad, nunca serán fáciles de manejar. A menudo hemos de fallar, pero el ideal permanece. RESPUESTA DE LA IGLESIA CATOLICA 11. La Iglesia Católica está llamada a presentar a todas las generaciones una comprensión y una ética exigente del matrimonio y de la sexualidad, que sin duda es, a menudo, difícil de poner en práctica pero en lo cual todos debemos continuamente esforzarnos en hacerlas nuestras. La iglesia es también consciente de que las personas pueden fallar en vivir de acuerdo con aquello que ella enseña. La comprensión pastoral esta llamada a tener en cuenta tales fallas; la iglesia no rechaza a tales personas, pero desea caminar con ellas con el objetivo de guiarlas hacia una comprensión y realización más completa de la enseñanza que Dios le ha dado. Defensa de los Derechos humanos 12. La Iglesia Católica promueve y defiende los derechos humanos fundamentales de toda persona. La Iglesia no puede, sin embargo, reconocer entre los derechos humanos fundamentales un derecho propuesto para accionar de acuerdo con aquello que ella enseña que es moralmente errado. Sin embargo, es un derecho humano fundamental de toda persona, sin consideración de la orientación sexual, el ser tratada, tanto por individuos como por la sociedad, con dignidad, respeto y justicia. El documento producido por la Comisión de Bienestar Social de la Conferencia de Obispos de Inglaterra y Gales en 1979 (PH) resume las obligaciones de la iglesia en este país en palabras que se pueden aplicar igualmente hoy en día: “La Iglesia tiene una seria responsabilidad de trabajar por la eliminación de toda injusticia perpetrada contra los homosexuales por la sociedad. Como un grupo que ha sufrido mucho la opresión y el desprecio, la comunidad homosexual tiene un clamor particular para que la iglesia se interese en esta situación” (PH, p.13) Política Social 13. Dada la complejidad del tema de la política social que se puede suscitar, la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha indicado que los juicios acerca de la legislación y las respuestas que puedan ser efectuados por la iglesia deben ser dejadas en manos de los obispos de los países involucrados (L’Osservatore Romano, 29 de julio de 1992). La iglesia tiene el deber de oponerse a la discriminación en toda circunstancia allí donde la orientación o la actividad sexual de una persona no puede ser considerada razonablemente relevante. Sin embargo, al hacer cualquier observación a los cambios propuestos en la legislación que tienen como objetivo eliminar las injusticias que sufren las personas homosexuales, hay un cierto número de criterios que debemos tener en mente. Entre los más importantes están los siguientes: -¿Existen fundamentos razonables cómo para considerar que la institución del matrimonio y de la familia pueden o podrían ser amenazadas por un cambio en la legislación? -¿Podría el rechazo social de un cambio propuesto en la legislación ser más dañino para el bien común que la aceptación de tal cambio? -¿Puede la orientación o la actividad sexual de una persona constituir, en circunstancias específicas, una razón suficiente y relevante para tratar a esa persona de una forma diferente a la forma en que son tratados los otros ciudadanos? Estos son temas de juicios prácticos y afirmaciones con consecuencias sociales, y esto debe ser considerado caso por caso –y ello sin ningún tipo de prejuicios con relación a la enseñanza católica con relación a los actos homosexuales. Podría muy bien ocurrir, sin embargo, que los católicos puedan llegar a diversas conclusiones acerca de propuestas legislativas particulares, aún tomando en cuenta estos criterios. Condena de la Violencia 14. La iglesia condena la violencia de palabras y actos contra las personas homosexuales. Esto fue afirmado muy claramente en la primera parte del párrafo 20 de la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1986 que trata con estos temas específicos: “Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifique. Revelan una falta de respeto por los demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones” (PC,10)[1] Todo desconocimiento sistemático sobre el respeto a la dignidad necesita ser considerada a través de una apropiada legislación. 15. Nada se puede decir en la enseñanza de la iglesia que pueda apoyar o sancionar, aún implícitamente, la vitimización de un hombre o una mujer homosexual. Asimismo, “la homofobia” no puede tener lugar entre los católicos. La enseñanza católica sobre la homosexualidad no se puede utilizar para fundamentar y nunca podrá ser utilizada para justificar las actitudes “homofóbica”. Aún si una persona homosexual fuera tontamente tentada de actuar en una manera provocativa o destructiva, esto no justifica actitudes o reacciones “homofóbica”. Respuesta Pastoral 16. La respuesta pastoral de la iglesia a las personas homosexuales debe incluir una actitud respetuosa y una favorable comprensión sobre esta situación, en adición a la vida sacramental, oración, asesoramiento y cuidado individual, de tal forma como para que “de este modo la entera comunidad cristiana puede llegar a reconocer su vocación a asistir a estos hermanos y hermanas, evitándoles ya sea la desilusión, ya sea el aislamiento” (PC, 15). La iglesia reconoce que “una persona homosexual, como por lo demás todo ser humano, tiene una profunda exigencia de ser ayudado contemporáneamente a distintos niveles” (PC,. 16). Igualmente la iglesia en este país ha enfatizado que los homosexuales tienen el derecho a un cuidado pastoral capacitado y efectivo con ministros pastorales que están adecuadamente preparados para enfrentar sus necesidades pastorales (PH, p.13). Aquellos que ejercen el cuidado pastoral reconocen que la naturaleza humana es frágil y sujeta a la tentación. Ellos están particularmente interesados en comprender y en ayudar a aquellos que encuentra que es difícil vivir de acuerdo con las enseñanzas de la iglesia., Sin embargo y a pesar de que los actos homosexuales genitales son objetivamente errados, no obstante, la iglesia advierte contra las generalizaciones y la atribución de culpabilidad en casos individuales (PC, I 1) Conclusión 17. Todos son preciosos a los ojos de Dios. El amor que una persona puede tener por o recibir de otra persona es un don de Dios. Sin embargo, Dios espera de las personas homosexuales, de la misma forma que lo hace de las personas heterosexuales, que guarden su ley y que actúen hacia el cumplimiento de un difícil ideal, aún si esta voluntad de la puede cumplir gradualmente (cf. Familiaris Consortio, 34). Dios tiene amor por toda persona que sobrepasa cualquier otro amor que un ser humano puede tener por otro ser humano. En todas las circunstancias y en todas las situaciones de la vida, Dios llama a cada persona, cualquiera sea su orientación sexual, a cumplir aquella parte de su designio de creación que solo esa persona puede cumplir. TEXTO ORIGINAL. Cardinal Basil Hume OSB Note on Church Teaching Concerning Homosexual People [Origins Introduction] "'Homophobia should have no place among Catholics. Catholic teaching on homosexuality is not founded on, and can never be used to justify 'homophobic' attitudes, ' Cardinal George Basil Hume of Westminster, England, said March 6 in "A Note on the Teaching of the Catholic Church Concerning Homosexual People." The note discussed the pastoral care of homosexual people, examined the meaning of the term "disordered" in reference to homosexual activity and assessed the value of friendship and love in a homosexual person's life. The note addressed the church's stance toward civil legislation regarding homosexual people. Also, the note said, "The church condemns violence of speech or action against homosexual people." Hume commented that 'love between two persons, whether of the same sex or of a different sex, is to be treasured and respected." But, he said, the "experience of love is spoiled, whether it is in marriage or in friendship, when we do not think and act as God wills us to think and act." Hume analyzed the meaning of terminology used by the Vatican Congregation for the Doctrine of the Faith, which said in 1986 that the inclination toward homosexual actions is objectively disordered. Though that sounds harsh in English, Hume said that this terminology - "objective disorder belongs to the vocabulary of traditional Catholic moral theology and philosophy" and is "used to describe an, inclination which is a departure from what is generally regarded as the norm." Hume stressed that being a homosexual person is "neither morally good nor morally bad: it is homosexual genital acts that are morally wrong. " His text follows.
1. Three years ago background advice was offered by the Congregation for the Doctrine of the Faith to bishops in the United States about how to assess the impact of legislative proposals concerning homosexual people and their housing and employment rights. Some of the expressions used in the subsequently published note of this advice and quoted without context caused distress and anger, together with misunderstanding of where the church stands. Two years ago I prepared "Some observations on the teaching of the Catholic Church concerning homosexual people," which was sent to certain organisations and individuals. 2. Since then I have been approached by a number of these groups and individuals seeking further clarification on the church's teaching on homosexuality, and I have continued to reflect on a bishop's pastoral responsibility in this area, I have now concluded that it might be helpful to publish this expanded note. It incorporates the main points made in the earlier "observations" document. 3. In what follows I quote on a number of occasions from the Congregation for the Doctrine of the Faith's "Letter oil the Pastoral Care of Homosexual Persons," published in 1986 (PC). I also quote from "An Introduction to the Pastoral Care of Homosexual People," prepared by the Catholic Social Welfare Commission of our bishops' conference in 1979 (IH). PRINCIPLES Dignity of the Human Person 4. The church recognises the dignity of all people and does not define or label them in terms of their sexual orientation. "The pastor and counsellor must see all people, irrespective of their sexuality, as children of God and destined for eternal life" (IH, p. IO). The congregation states this even more fully: "The human person, made in the image and likeness of God, can hardly be adequately described by a reductional reference to his or her sexual orientation. Everyone living on the face of the earth has personal problems and difficulties, but has challenges to growth, strengths, talents and gifts as well. Today the church provides a badly needed context for the care of the human person when she refuses to consider the person as heterosexual or homosexual and insists that every person has a fundamental identity: a creature of God, and by grace, his child and heir to eternal life" (PC, 16). Sexuality and Marriage 5. In upholding the dignity of people who are homosexual, the church is being consistent to its teaching. There are two fundamental principles which determine the Catholic Church's teaching on sexual matters. First, the church has always taught that the sexual (genital) expression of love is intended by God's plan of creation to find its place exclusively within marriage between a man and a woman. The church therefore cannot in any way equate a homosexual partnership with a heterosexual marriage. Second, the sexual (genital) expression of love must be open to the possible transmission of new life. For these two reasons the church does not approve of homosexual genital acts. When the church describes such acts as "intrinsically disordered" (PC, 3), it means that these acts are not consistent with the two fundamental principles mentioned above. It is in this sense that the church teaches that there can be no moral right to homosexual acts, even though they are no longer held to be criminal in many secular legal systems. No individual, bishop, priest or layperson is in a position to change the teaching of the church, which she considers to be God-given. FURTHER CONSIDERATIONS Homosexual Orientation 6. It is necessary to distinguish between sexual orientation or inclination, and engaging in sexual (genital) activity, heterosexual or homosexual. Neither a homosexual nor a heterosexual orientation leads inevitably to sexual activity. Furthermore, an individual's sexual orientation can be unclear, even complex. Also, it may vary over the years. Meaning of "Objectively Disordered" 7. The particular orientation or inclination of tile homosexual person is not a moral failing. An inclination is not a sin. An inclination toward acts, which are contrary to the teaching of the church, has, however, been described as "objectively disordered." The word disordered is harsh one in our English language. It immediately suggests a sinful situation or at least implies a demeaning of the person or even a sickness. It should not be so interpreted. First, the word is a term belonging to the vocabulary of traditional Catholic moral theology and philosophy. It is used to describe an inclination, which is a departure from what is generally regarded to be the norm. The norm consists of an inclination toward a sexual relationship with a person of the opposite sex and not between persons of the same sex. Being a homosexual person is, then, neither morally good nor morally bad; it is homosexual genital acts that are morally wrong. Second, when the church speaks of the inclination to homosexuality as being "an objective disorder" (PC, 3), the church can be thinking only of the inclination toward homosexual genital acts. The church does not consider the whole personality and character of the individual to be thereby disordered. Homosexual people, as well as heterosexual people, can and often do give a fine example of friendship and the art of chaste loving. Friendship 8. Friendship is a gift from God. Friendship is a way of loving. Friendship is necessary for every person. To equate friendship and full sexual involvement with another is to distort the very concept of friendship. Sexual loving presupposes friendship, but friendship does not require full sexual involvement. It is a mistake to say or think or presume that if two persons of the same or different sexes enjoy a deep and lasting friendship then they must be sexually involved. Human Love 9. Love between two persons, whether of tile same sex or of a different sex, is to be treasured and respected. "Jesus loved Martha and her sister and Lazarus," we read (Jn. 11:5). When two persons love, they experience in a limited manner in this world what will be their unending delight when one with God in the next. To love another is in fact to reach out to God, who shares his lovableness with the one we love. To be loved is to receive a sign or share of God's unconditional love. 10. To love another, whether of the same sex or of a different sex, is to have entered the area of the richest human experience. But that experience of love is spoiled, whether it is in marriage or in friendship, when we do not think and act as God wills us to think and act. Human loving is precarious, for human nature is wounded and frail. Thus marriage and friendship will never be easy to handle. We shall often fail, but the ideal remains. RESPONSE OF THE CATHOLIC CHURCH 11. The Catholic Church is called to present to all ages a demanding understanding and ethic of marriage and sexuality, one that is often difficult to realise in practice but which all Should continually strive to make their own. The church is also aware that people may fail to live consistently what she teaches. Pastoral understanding is brought to bear on such failure; the church does not reject such people, but wishes to walk with them in order to guide them to a fuller understanding and realisation of the teaching she holds to be God-given. Defence of Human Rights 12. The Catholic Church advocates and defends the fundamental human rights of every person. The church cannot, however, acknowledge among fundamental human rights a proposed right to acts which she teaches are morally wrong. Nevertheless, it is a fundamental human right of every person, irrespective of sexual orientation, to be treated by individuals and by society with dignity, respect and fairness. The document produced by the Social Welfare Commission for the Bishops' Conference of England and Wales in 1979 (IH) summed up the Church's obligations in this country in words which apply equally today: 'The church has a serious responsibility to work for the elimination of any injustices perpetrated on homosexuals by society. As a group that has suffered more than its share of oppression and contempt, the homosexual community has particular claim upon the concern of the church" (IH, p. 13). Social Policy 13. Given the complexity of the issues of social policy which can arise, the Congregation for the Doctrine of the Faith has indicated that judgments about legislation and responses which may be made by the church can be left to the bishops of the country concerned (L'Osservatore Romano, July 29, 1992). The church does have a duty to oppose discrimination in all circumstances where a person's sexual orientation or activity cannot reasonably be regarded as relevant. However, in making any response to proposed changes in the law which are designed to eliminate injustices against homosexual people, there are a number of criteria which have to be kept in mind. Among the most important are the following: -Are there reasonable grounds for judging that the institution of marriage and the family could, and would, be undermined by a change in the law? -Would society's rejection of a proposed change in the law be more harmful to the common good than the acceptance of such a change? -Does a person's sexual orientation or activity constitute, in specific circumstances, a sufficient and relevant reason for treating that person in any way differently front other citizens? These are matters of practical judgement and assessment of social consequences, and thus must be considered case by case - and this without prejudice to Catholic teaching concerning homosexual acts. It may well be, however, that Catholics will reach diverse conclusions about particular legislative proposals even taking into account these criteria. Condemnation of Violence 14. The church condemns violence of speech or action against homosexual people. This was made very clear in the first part of Paragraph 10 of the Congregation for the Doctrine of Faith's 1986 letter which dealt with this specific issue: "It is deplorable that homosexual persons have been and are the object of violence in speech or in action. Such treatment deserves condemnation from the church's pastors wherever it occurs. It reveals a kind of disregard for others which endangers the most fundamental principles of a healthy society. The intrinsic dignity of each person must always be respected in word, in action and in law" (PC, 10). Any systematic failure to respect that dignity needs to be tackled, if necessary by appropriate legislation. 15. Nothing in the church's teaching can be said to support or sanction even implicitly the victimisation of homosexual men and women. Furthermore, "homophobia" should have no place among Catholics. Catholic teaching on homosexuality is not founded on and can never be used to justify "homophobic" attitudes. Even if homosexual people are unwisely tempted to act in a provocative or destructive manner, this does not justify "homophobic" attitudes or reactions. Pastoral Response 16. The church's pastoral response to homosexual people will involve a respectful attitude and a sympathetic understanding of their situation, in addition to sacramental life, prayer, counsel and individual care, so that the "whole Christian community can come to recognise its own call to assist its brothers and sisters, without deluding them or isolating them" (PC, 15). The church acknowledges that a "homosexual person, as every human being, deeply needs to be nourished at many different levels simultaneously" (PC, 16). Furthermore the church in this country has stressed that homosexuals have a right to enlightened and effective pastoral care with pastoral ministers who are properly trained to meet their pastoral needs" (IH, p. !3). Those who exercise pastoral care recognise that human nature is frail and subject to temptation. They are particularly concerned to be understanding and to help those who find it hard to live in accordance with the church's teaching. Furthermore, although homosexual genital acts are objectively wrong, nonetheless the church warns against generalisations in attributing culpability in individual cases (PC, I 1). Conclusion 17. All are precious in the eyes of God. The love which one person can have for and receive from another is a gift from God. Nonetheless, God expects homosexual people, as indeed he does heterosexual people, to keep his law and to work toward achieving a difficult ideal, even if this will only be achieved gradually (cf. Familiaris Consortio, 34). God has a love for every person which is greater than any love which one human being could have for another. In all the circumstances and situations of life, God calls each person, whatever his or her sexual orientation, to fulfil that part of his created design which only that person can fulfil. [1] Congregación para la Doctrina de la Fe: “Carta a los Obispos de la Iglesia Católica Sobre la Atención a las Personas Homosexuales. Tipografía Poliglota Vaticana. |